Vientres sin ley

José Hernando y Javier Herraiz de la asociación Son Nuestros Hijos con sus hijas nacidas por subrogación. / Samuel Sánchez

La maternidad subrogada no es legal en España. Pero cada vez hay más agencias que buscan madres de alquiler en Rusia, India o EE UU

José Hernando y Javier Herraiz de la asociación Son Nuestros Hijos con sus hijas nacidas por subrogación. / Samuel Sánchez
José Hernando y Javier Herraiz de la asociación Son Nuestros Hijos con sus hijas nacidas por subrogación. / Samuel Sánchez

Por Vicenta Cobo, Los Angeles.

Inés, con un cargo directivo en una empresa de Barcelona; Mar, abogada, residente también en Barcelona, y Elena, de Madrid (los tres son nombres ficticios para conservar el anonimato), han pasado toda esta semana en Los Ángeles cumplimentando los pasos de la compleja burocracia que les puede acercar a su sueño: tener un hijo a través de un vientre de alquiler. Es lo que en los despachos se conoce como maternidad subrogada. En California es legal, pero no en España ni en la mayoría de países del mundo. Inés es soltera. Mar y Elena viajan acompañadas por sus parejas. Las tres tienen problemas de fertilidad y no pueden ser madres por el procedimiento tradicional de concebir un hijo en sus vientres. Por eso están en Los Ángeles.

Han tenido que romper muchas barreras psicológicas y sociales antes de atreverse a cruzar el Atlántico para encontrar el vientre de alquiler que las permita ser madres. Les acompaña Sebastián Expósito, coordinador de la empresa VDA Fertility Consulting, con sede Barcelona, una de las agencias especializadas que han florecido en España en los últimos tres o cuatro años ante el aumento de la demanda.

Expósito abrió la empresa en 2010. Él mismo conoce de primera mano el proceso. Cuatro años antes, en 2006, recorrió las mismas etapas que ahora cumplen Inés, Mar y Elena. Expósito es el padre de Salma, una niña de cinco años que le ha proclamado “el mejor papá del mundo, me dice”, comenta muy feliz. Esta semana, además, tiene motivos para estar radiante porque después de tres años de espera acaba de recibir la sentencia que reconoce a su hija en el Registro Civil de Barcelona (si es que el fiscal no la revoca).

“Yo fui el primer hombre soltero en Cataluña que hizo público, en el programa de televisión de Ana Rosa, que era padre de una niña de madre subrogada. No tuve más remedio que hacerlo para ver si las cosas se empezaban a mover en España y se reconocía legalmente a estos niños. Hasta el día de hoy mi hija era una residente extranjera viviendo con su padre de nacionalidad española. Esto significa que no tenía derecho a beneficiarse de la Seguridad Social ni a asistir a un colegio público ni a ninguno de los beneficios de que gozan los ciudadanos. Afortunadamente, los niños nacidos a partir del 5 de octubre de 2010 ya pueden inscribirse en el Registro Civil”.

Inés, con un cargo directivo en una empresa de Barcelona; Mar, abogada, residente también en Barcelona, y Elena, de Madrid (los tres son nombres ficticios para conservar el anonimato), han pasado toda esta semana en Los Ángeles cumplimentando los pasos de la compleja burocracia que les puede acercar a su sueño: tener un hijo a través de un vientre de alquiler. Es lo que en los despachos se conoce como maternidad subrogada. En California es legal, pero no en España ni en la mayoría de países del mundo. Inés es soltera. Mar y Elena viajan acompañadas por sus parejas. Las tres tienen problemas de fertilidad y no pueden ser madres por el procedimiento tradicional de concebir un hijo en sus vientres. Por eso están en Los Ángeles.

Han tenido que romper muchas barreras psicológicas y sociales antes de atreverse a cruzar el Atlántico para encontrar el vientre de alquiler que las permita ser madres. Les acompaña Sebastián Expósito, coordinador de la empresa VDA Fertility Consulting, con sede Barcelona, una de las agencias especializadas que han florecido en España en los últimos tres o cuatro años ante el aumento de la demanda.

Expósito abrió la empresa en 2010. Él mismo conoce de primera mano el proceso. Cuatro años antes, en 2006, recorrió las mismas etapas que ahora cumplen Inés, Mar y Elena. Expósito es el padre de Salma, una niña de cinco años que le ha proclamado “el mejor papá del mundo, me dice”, comenta muy feliz. Esta semana, además, tiene motivos para estar radiante porque después de tres años de espera acaba de recibir la sentencia que reconoce a su hija en el Registro Civil de Barcelona (si es que el fiscal no la revoca).

“Yo fui el primer hombre soltero en Cataluña que hizo público, en el programa de televisión de Ana Rosa, que era padre de una niña de madre subrogada. No tuve más remedio que hacerlo para ver si las cosas se empezaban a mover en España y se reconocía legalmente a estos niños. Hasta el día de hoy mi hija era una residente extranjera viviendo con su padre de nacionalidad española. Esto significa que no tenía derecho a beneficiarse de la Seguridad Social ni a asistir a un colegio público ni a ninguno de los beneficios de que gozan los ciudadanos. Afortunadamente, los niños nacidos a partir del 5 de octubre de 2010 ya pueden inscribirse en el Registro Civil”.

“Los homosexuales sacamos la subrogación del armario”

Por Patricia Peiró

Javier Herraiz y su marido José Hernando compraron hace dos años dos billetes de ida para Estados Unidos y cuatro de vuelta. Tras un largo proceso, Olivia y Gadea, sus dos mellizas, nacieron en una clínica californiana gracias a la subrogación. Estos padres huyen siempre de la expresión “vientre de alquiler”, a la que consideran despectiva. Ese país fue siempre su primera opción, por la seguridad jurídica y médica que ofrecía. Como lo fue para Antonio Vila y su marido. También en 2010 nació su hija Manuela.

Vila recuerda el momento en el que conoció a la mujer que llevaría en su vientre a su hijo. “Es una sensación extraña, conoces a una de las personas que más importancia va a tener en tu vida”. Vila y su pareja rellenaron un formulario con sus características que llegó a las manos de las mujeres gestantes. Ellas hacen el primer filtro, deciden con quien quieren vivir el proceso. Luego llega el encuentro, el de la elección final. Su relación comenzó con una cena en un restaurante, una visita a su casa, para conocerla mejor y una sucesión de correos electrónicos que no finalizaron con el parto. “Nosotros seguimos en contacto con ella, de hecho queremos ir a verla”, apunta Vila.

Vila y Herraiz son el presidente y el secretario de la asociación Son Nuestros Hijos, una organización que agrupa a más de 200 familias y que nació en 2008 de la lucha de una pareja por inscribir a sus mellizos en el Registro Civil. Dos años después de su creación lograron que el Gobierno aprobara una instrucción para regular el registro de los niños nacidos por subrogación. Gracias a la norma, los tres bebés nacidos en 2010 pudieron ser inscritos como sus hijos en los registros consulares. Aquel primer año de aplicación de la norma fue algo confuso, porque los funcionarios no tenían muy claro cómo proceder, explican las dos parejas, pero actualmente, el proceso se lleva a cabo con normalidad. Antes de eso, los niños mantenían la nacionalidad estadounidense.

Marisa Bautista es una abogada madrileña que consiguió el pasado marzo la primera filiación en el Registro Civil, mediante una resolución judicial, de unos mellizos nacidos en 2009 en Estados Unidos. Ella acudió a los tribunales tras la negativa del registro a inscribir a los niños. Bautista es una de las abogadas que se ha especializado en los últimos años en asesorar a las parejas interesadas en el proceso. “Cuanto más difícil se pone el tema de la adopción, más gente piensa en la subrogación”, afirma.

En el momento de la fundación de la asociación Son Nuestros Hijos, la mayoría de los miembros eran homosexuales, ahora el porcentaje se ha invertido, asegura Herraiz. “Nosotros hemos sacado la subrogación del armario. Ya no se ve como algo que haya que ocultar”, apunta Vila.

Su asociación aconseja a las parejas o personas solteras que quieren iniciar el proceso. Vila y Herraiz reconocen que desconfían de algunas agencias y mediadores que han surgido en los últimos años en España, pero “lo cierto es que no hacen que tú no puedas hacer por tu cuenta”.

Estados Unidos sigue siendo el país al que más parejas recurren para la gestación subrogada. La seguridad jurídica compensa su alto coste derivado del entramado legal, la atención médica y los viajes. Allí hay agencias, abogados y clínicas especializadas en esta práctica en la que cada paso está regulado. Si todo va bien, la pareja desembolsa alrededor de 100.000 euros, pero cualquier circunstancia puede aumentar esa cantidad. Un día en la incubadora, la hospitalización de la gestante, o el retraso de algún documento legal incrementan el gasto.

España, un país con la legislación más avanzada del mundo en materia de reproducción asistida, y al que acuden parejas de toda Europa a tratarse, nunca ha aprobado la maternidad subrogada. “Supone la comercialización del vientre de la mujer, incluso si lo hace cuando ella quiere”, explica Marcelo Palacios, fundador de la Sociedad Internacional de Bioética, redactor de la Ley de Reproducción Asistida, de 1988 y que ha sufrido reformas menores, y exdiputado socialista.

En España está prohibido pagar por la donación de órganos, sea un riñón o un óvulo (las donantes reciben formalmente solo una compensación por las molestias). “En la redacción de la ley se entendía que podía ser un elemento de compra de mujeres con necesidades económicas. Además, veíamos inconvenientes importantes, como que la gestante no quisiera dar al niño al nacer o que el embarazo viniera con malformaciones y los padres que lo habían encargado no lo quisieran”. Palacios prosigue con los inconvenientes que vieron en la maternidad subrogada: “Todos los partos pueden tener complicaciones y algunos pueden dejar consecuencias para la madre. ¿Quién se haría cargo del coste de los problemas?”.

Una bebé argentina desde India a Aranjuez

Por Patricia Peiró

Elsa y Juan con su hija Cayetana. / Samuel Sánchez
Elsa y Juan con su hija Cayetana. / Samuel Sánchez

Un recorte de periódico, una entrevista y un nombre: Anoop Gupta. Elsa Saint, argentina afincada en Aranjuez, encontró en una publicación de su país natal la solución para su deseo de ser madre: la subrogación en India. Tras siete tratamientos de fertilidad fallidos y una operación de útero, Elsa y su marido Juan González decidieron intentarlo una vez más. Contactaron con el doctor Gupta, vendieron una propiedad para poder pagarle y comenzó el proceso. Esta intentona se llama Cayetana, es un torbellino de año y medio de ojos grises que trae de cabeza a su padre, que trata de seguirle el ritmo por el parque mientras ella juega con las hojas caídas de los árboles. “En el colegio ya nos han dicho que no le consintamos nada más, que es una tirana”, bromea Juan.

El caso de Cayetana se estudia en las universidades argentinas por el embrollo legal que supuso para sus padres, las autoridades indias y el consulado. Un problema burocrático en su certificado de nacimiento mantuvo a sus padres tres meses atascados en Nueva Delhi. El consulado español no registró a la niña y no podía salir del país. Incluso llegaron a plantearse quedarse a vivir en India si no podían sacar a la niña del país. Pero la solución estaba en el consulado de la madre. Cayetana tuvo que registrarse como argentina para poder llegar hasta a Aranjuez. Ahora sigue siendo argentina pero desde esta semana tiene los papeles de residencia en España gracias a la reagrupación familiar. Ya no se plantean seguir luchando para que su hija sea española, están cansados de pleitos y papeleo. Solo quieren recordar el sabor del champán que degustaron en el aeropuerto de Helsinki, donde hicieron escala antes de emprender el último viaje de vuelta a España con su hija.

India se ha convertido en una de las potencias mundiales en subrogación, donde más de 3.000 clínicas la llevan a cabo, y atrae a parejas de todo el mundo por sus precios. El país asiático ofrece tarifas mucho más asequibles que Estados Unidos. Tener un bebé allí puede costar en torno a los 50.000 euros.

Pero desde el año pasado, las parejas españolas no pueden tener a sus bebés en India por una orden ministerial de ese país que exige que la subrogación sea legal en el lugar de origen de los padres.

India acaba de salir del mapa de la subrogación pero otros destinos como Tailandia y Rusia se postulan como nuevas cunas de los bebés de los españoles que no pueden tener hijos y la razón económica es su principal baza. Tailandia es la opción elegida por Marta (nombre ficticio), que está al inicio del proceso. Ella contactó con la empresa india Sin Cigüeña, que abrió en España en 2007. “Estados Unidos fue imposible, necesitas mucho dinero, en Tailandia tendremos a nuestro bebé por 20.000 o 30.000 euros”, explica al otro lado del teléfono. Marta no podía tener hijos por una enfermedad y recurrió a la subrogación como última opción. “Si llegas a esto es porque ya lo has intentado todo antes”, apunta.

Rusia empezó a permitir la subrogación hace nueve años y cuenta con al menos 40 centros en los que se puede realizar. Diego Sánchez trabaja en Subrogalia, un departamento que nació hace tres años en una firma de abogados barcelonesa para asesorar a las familias que desean iniciar el proceso, precisamente por el aumento de consultas que detectaron. “Cada mes recibimos unas 400 peticiones de información”, asegura. En Rusia, asegura Sánchez, está regulado cada paso del proceso, que puede costar hasta 80.000 euros. Aún así, Estados Unidos sigue siendo la opción mayoritaria. En Rusia, los padres españoles pueden elegir a la donante del óvulo o el esperma, pero no a la gestante, que viene asignada por el centro.

Sánchez explica que hay otros países que pueden entrar en la oferta. “Ucrania, Kazajistán, Georgia son las otras posibilidades, pero nosotros aún estamos estudiando las garantías legales”, señala.

Fuente: El Pais

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