Siete consejos para sobrevivir al sexo programado

Por qué los hombres no saben cuándo una mujer es fértil

“¡Esta noche tenemos fiesta!” Esta frase que para muchos sería sinónimo de alegría pero hay parejas que lo viven como un suplicio. Son todas aquellas que saben que toca cumplir bajo las sábanas porque hay que lograr un embarazo. La verdad es que nunca se me había ocurrido pensar en ello pero, mientras preparaba un reportaje sobre fertilidad, Marta Barrio, directora de comunicación del IMF (Instituto Madrileño de Fertilidad), me alertó de un hecho, hay veces que el sexo no se vive de forma ni natural ni placentera. Cuando el bebé se resiste a llegar, Marta me comentaba que las parejas comienzan a obsesionarse. Ellos, además, viven con la presión de vincular la fertilidad con la virilidad, por eso muchos huyen como alma que lleva el diablo cundo ven a a su pareja en picardías. Además, la pareja se convierte en trío al sumar a esta actividad al doctor que da las pautas de cuándo y cómo se debe copular para lograr el embarazo. Nervios, obsesión, culpabilidad… miles de sentimientos convierten un divertimento en un ejercicio muy duro.

Pero, ¿cómo llevar con naturalidad que el ciclo reproductivo diga que “hoy es el día en que toca”? Marta Villarreal, psicóloga de la misma clínica de fertilidad nos da algunos consejos para que no se viva el asunto como una tortura.

  1. En primer lugar hay que hablar mucho de todo lo que se siente miedos, angustias, incluso falta de deseo en esas condiciones. La comunicación en estos casos es fundamental.
  2. No convertir el acto sexual en una mera búsqueda del bebé, hay que pasarlo bien.
  3. Tomarse unas vacaciones. Aunque los test de fertilidad nos indican que tenemos los óvulos a punto de caramelo, si no apetece tener relaciones, mejor dejarlo.
  4. Disfrutar de lo que se tiene, una pareja estupenda con lo que podemos ser felices, y no de lo que se carece, un niño.
  5. Poner un poquito de imaginación y sex appeal a los encuentros; olvidar el sexo mecánico porque al final se acaba aborreciendo.
  6. No hacer caso al estrés social, o lo que es lo mismo, que no te importe que la ‘tía Gertrudis’, el compañero de trabajo y la suegra pregunten cada semana, “¿y los niños para cuando?”
  7. Y, por supuesto, pedir ayuda a un psicólogo si la situación se hace insostenible.

En resumen si ‘hoy toca’, hay que tratar de no asumir como propias las palabras que pronunciaba Pedro, uno de los protagonistas de la novela de Laura Esquivel Como agua para chocolate, antes de acostarse con su mujer: “No es por vicio, ni por fornicio, sino para dar un hijo a tu servicio.”

Publicado en El Mundo

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