Si comes yogures tendrás una niña

La alimentación de la madre influye en el sexo del feto

Leche, yogures y queso fresco para tener una niña. Zumos naturales, fruta y pescados ahumados para tener un niño… ¿Disparate o método científico? Esa es la duda que se plantean quienes querrían elegir el sexo de su futuro hijo y se encuentran con que ha vuelto a reeditarse el libro Elige el sexo de tu hijo según el régimen alimenticio (Mr Ediciones).

Este manual, escrito por el doctor François Papa y la periodista Françoise Labro en 1984 y ahora actualizado, defiende que está más que demostrada científicamente «la influencia de la alimentación de la madre en el sexo del niño que va a nacer», y que la clave está en el balance de determinados minerales. Es la misma tesis que, desde hace unos años, defiende la bioquímica Adriana Baretta, autora del método que lleva su nombre y del best seller Niño o niña: ya puedes elegir (Editorial Mad, SL, 2011)

Con esta teoría, la primera barrera que los autores echan por tierra es la idea de que es el padre quien determina el sexo del embrión: es cierto que solo el varón aporta tanto cromosomas X como Y -para que nazca una niña, se precisa que el óvulo sea fecundado por un espermatozoide X, mientras que, para que nazca un varón, debe ser fecundado por un espermatozoide Y-, pero Papa y Labro señalan que «este espermatozoide ha sido escogido por el óvulo. En otras palabras, por la madre».

Así pues, sería el óvulo el encargado de este delicado proceso de selección. Y, en ese proceso, continúan los autores, tiene suma importancia el régimen alimenticio de la madre: al parecer, el equilibrio entre sodio, potasio, calcio y magnesio favorece que el óvulo decida abrir o cerrar las puertas a un espermatozoide u otro. Y, en consecuencia, que el que lo fecunde dé origen a un niño o a una niña.

El nivel del PH.

Superada la primera barrera, llegamos a la segunda: ¿por qué influyen estos minerales en el proceso de selección de los gametos? La teoría es que el equilibrio entre ellos modifica el pH del moco cervical de la mujer. Algunos son alcalinizantes (elevan el pH) y otros, acidificantes (lo disminuyen). Esta desviación en uno u otro sentido podría afectar no solo a la movilidad del espermatozoide, sino también al ratio entre cromosomas XX o XY. La idea básica es que un pH alto favorece el nacimiento de varones, mientras que uno bajo favorece el de hembras.

A partir de ahí, el doctor Papa propone un régimen alimenticio que aporte ciertas sales minerales en proporciones bien definidas. «Estos minerales están presentes en todos los alimentos, pero no en las mismas proporciones. Así, para tener un niño, es indispensable aumentar el aporte en sodio y potasio, y limitar el calcio y el magnesio», explica.

Desde esta premisa, se ofrece a las futuras madres una lista muy precisa de alimentos autorizados y prohibidos, y se insta a que inicien este tipo de alimentación al menos dos meses y medio antes de quedarse embarazadas. Eso sí, siempre «previa consulta con un médico o nutricionista competente en este método, pues el régimen debe ser supervisado y personalizado».

¿Y no bastaría con tomar suplementos de estos minerales? «Esto sería un error», asegura François Papa, «porque la absorción de estas sales no es la misma cuando se aportan en forma farmacológica que cuando se hace a través de la dieta; además, los estudios se han realizado a partir de la alimentación materna natural, y no se puede calcular cuántos suplementos deberían tomarse si no se conoce lo que está comiendo la madre».

La cuestión clave es si realmente funciona. El único método que garantiza un 100% de éxito a la hora de gestar un niño o una niña es la selección de embriones obtenidos mediante una fecundación in vitro y en España, la Ley de Reproducción Asistida sólo permite usar esta técnica para elegir el sexo de un bebé en aquellos casos en los que se trata de prevenir una enfermedad ligada al género. Así las cosas, ¿cuál es la eficacia de la dieta que propugna el doctor Papa?

Un 87% de éxitos.

Él mismo reconoce que, haciendo un seguimiento perfecto, «el índice de fracasos es del 13%». Es decir, que conseguiríamos acercarnos a un 87% de probabilidades de que nuestro hijo sea del sexo que deseamos, frente al hipotético 50% inicial del que partiríamos si no modificáramos nuestra dieta.

La doctora Baretta, por su parte, va más allá: con su método -que correlaciona los contenidos minerales con diversos patrones cíclicos del moco cervical de cada mujer- asegura un porcentaje de fiabilidad del 98%.

Aún quedaría, en el mejor de los casos, un 2% de probabilidad de fracaso, que ella misma explica así en su página web: «Debemos considerar que, aunque pongamos todo de nuestro esfuerzo para acondicionar el organismo a fin de seleccionar el sexo de un bebé, el cuerpo humano es finalmente un misterio fascinante de cuyo funcionamiento ningún científico puede asegurar tener el 100% de control», reconoce la doctora Baretta. «Esto nos lleva a reconocer y aceptar que “no somos Dios”, y que es Él quien finalmente lleva los hilos de nuestra historia».

Publicado en El Mundo

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