Sexo y fertilidad

Sexo y fertilidad
Sexo y fertilidad

La inmensa mayoría de nosotros crecemos con la convicción de que nuestra fertilidad es un hecho garantizado. Desde chicos -a través de múltiples discursos- vamos internalizando la creencia de que no tendremos dificultades para concebir un hijo cuando nos propongamos hacerlo. De alguna manera pensamos que esta problemática -como tantas otras- es algo que les pasa a otros.

Por eso, cuando las parejas se enfrentan con este límite -que tiene una incidencia de alrededor del 20% de los que se encuentran en edad reproductiva- se produce una profunda crisis, que combina incredulidad, negación, enojo, sentimientos de desvalorización, culpa, temor y sobre todo mucho sufrimiento.

Creencias erróneas

Es evidente que el sexo no siempre tiene el objetivo de lograr un embarazo, y que en cualquier caso es un medio para obtener placer, además de una forma especial de comunicación entre las personas. Pero cuando entre dos que se quieren y desean un hijo aparecen los problemas reproductivos, la sexualidad toda sufre el impacto de esta frustración.

En este sentido, es común que se genere en uno o ambos miembros de la pareja un sentimiento de inadecuación y un deterioro de la autoestima. Esto es en gran parte expresión de ciertas creencias muy arraigadas en nuestra sociocultura: “la maternidad es la esencia de la femineidad”, “la virilidad tiene que ver con la capacidad reproductiva”, “matrimonio equivale a hijos”. Estas “verdades” -inferencias arbitrarias, absolutamente erróneas- nos habitan desde hace siglos y por lo mismo son muy difíciles de derrumbar.

Frente a mandatos tan categóricos, no es raro que la mujer se sienta “fallada”, “menos mujer”, y que el hombre se sienta herido en su masculinidad, “inferior” respecto de aquellos que no tienen estas dificultades. ¿Cómo puede sobrevivir el erotismo en medio de semejante crisis de autoconfianza?

Por otra parte, bajo estas circunstancias algunas parejas se cuestionan acerca del sentido de seguir juntos si la formación de una familia no llegara a ser posible.

El peso de la culpa

No son pocos los que al sufrimiento le suman la culpa. Son los que secretamente viven la infertilidad como un castigo por conductas que tuvieron en el pasado: relaciones prematrimoniales o extramatrimoniales, uso de métodos anticonceptivos, comportamiento promiscuo en la adolescencia, abortos.

Los posibles efectos negativos a nivel subjetivo y relacional, con mucha frecuencia producen alteraciones en las distintas fases de la respuesta sexual: disminución del deseo, disfunción eréctil, dificultades para llegar al clímax, eyaculación precoz, etc.

De hecho, puede ocurrir que los encuentros sexuales empiecen gradualmente a espaciarse. Aunque suene paradójico, un número importante de las parejas que consultan a los especialistas en fertilidad, prácticamente no tienen relaciones.

Recurrir al tratamiento

Los tratamientos de fertilidad -cualquiera sea su nivel de complejidad- constituyen, sin duda alguna, un avance científico notable que les ha permitido a millones de personas acceder a la paternidad. Pero por sus características es inevitable que repercutan de algún modo en la vida sexual de los que están siendo tratados.

Una situación típica es la obsesión -por lo general a cargo de las mujeres- por los días fértiles. No se trata de un capricho: de hecho a veces forma parte de la prescripción médica.

Sin embargo, si no se toman ciertos recaudos, la falta de espontaneidad de los encuentros puede conducir a la desconexión total de estos con el placer. Y si se convierten en un mecanismo sólo orientado al logro del objetivo reproductivo, lo más probable es que sobrevengan la ansiedad y el estrés, y por consiguiente las disfunciones sexuales.

Por otra parte, en el transcurso de un tratamiento muchas personas sienten que su sexualidad -antes un asunto privado e íntimo- ha pasado a ser “conocida” por otros: médicos, bioquímicos, enfermeras, secretarias.

Llevar la muestra de esperma al laboratorio, asistir a un examen postcoital o hacerle al médico un esquema de los días donde hubo relaciones sexuales, para algunos puede que equivalga a un estudio de rutina. Pero a otros les produce ansiedad, vergüenza, temor por los resultados y angustia por sentirse presionados a dar una buena “performance”. De alguna forma se sienten invadidos en su intimidad y evaluados en un aspecto donde está muy implicada su autoestima, sus ilusiones, sueños y proyectos. Por eso es fundamental aquí -como en toda tarea que toma contacto con el sufrimiento de las personas- la calidad humana de los profesionales a cargo.

Conectarse con el placer

El fuerte anhelo de tener un hijo no tiene por qué conducir a la anulación del aspecto placentero, lúdico y amoroso de las relaciones sexuales. Pero mantener vigente toda esa riqueza en los tiempos difíciles constituye un gran desafío.

Por último, la infertilidad encierra un potencial efecto positivo sobre la pareja: la pone en contacto con sus propios recursos para lograr salir fortalecidos -e incluso más unidos- frente al dolor.

Publicado en La Gaceta

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