Sexo en el embarazo: ¡Claro que sí!

En la época de las abuelas, hablar abiertamente del placer femenino podía ser considerado señal de ligereza o de enfermedad mental. Las mujeres de hace muchas décadas fueron criadas bajo el concepto radical de vergüenza sobre sus propios genitales y todos los asuntos relacionados con ellos eran pecaminosos e ignorados.

El placer masculino, por el contrario, estaba bendecido y permitido. Tanto así, que los hombres tenían vía libre para buscarlo más allá de las fronteras de su casa si era necesario. Y solía ser necesario cuando su esposa estaba embarazada.

Sin embargo, los miedos sobre las infidelidades masculinas durante esta etapa femenina resultaron cada vez más infundados. Y hoy son, o deberían ser, cosa del pasado. El abismal cambio en el rol del hombre lo ha convertido en un ser sensible y receptivo a las necesidades emocionales de su familia. Y así como en el propio caso femenino, algunos se sienten felices de no ser el macho alfa de la manada.

Ante eso solo podemos elevar los brazos al cielo y agradecer con fervor a la evolución, pues no solo despojó la piel de los humanos de feos pelos e innecesarios. También llevó al hombre a explorar su propio mundo femenino, sin prejuicios homofóbicos, logrando una conexión más real con su esposa o novia.

Y ni hablar cuando les llega la paternidad.  Por fin una virilidad bien entendida los ha encauzado en la corriente hormonal de las madres. Muchos se ponen llorones, son invadidos por deseos gastronómicos indescifrables y hasta corren al baño, después de la mujer, para hablarle al vacío del inodoro.

El embarazo es una construcción hecha a partir de pequeños detalles y las mujeres que logran un lazo de cooperación armónica con sus parejas (o con su entorno familiar y social si no la tienen) están más capacitadas para traer al mundo niños felices y tranquilos.

“¿Y si dejo de gustarle?”

A la luz de la ciencia se han podido derrocar mitos y sanear miedos. Tanta información suministrada por los adultos del siglo XX se ha desvirtuado a sí misma, pues como una ola de estadio, sus rebuscados argumentos caen uno tras otro exponiendo lo real, lo naturalmente humano al alcance de la mano.

Nuestra naturaleza está condensada en el propio concepto de sexualidad, capaz de abarcar territorios más allá del sexo. Pero si haciendo el amor se crea al futuro hijo, ¿por qué sería anormal o dañino alimentar un lazo capaz de dar vida?

Como con una bola de nieve, entre más reflexionamos sobre el tema, más grande se vuelve. No solo los estudios hablan de los beneficios fisiológicos proporcionados por una actividad sexual satisfactoria en la gestación. La seguridad y tranquilidad sicológicas también salen favorecidas.

Uno de los principales miedos de la mujer cuando tiene varios meses de embarazo es no gustarle a su marido. Los cambios físicos son más temerarios con los días y la redondez se abre camino sin dificultad. Por eso muchas temen nueve meses de infidelidades.

Pero está comprobado que realmente solo una minoría de hombres rechazan, inconsciente o conscientemente, los cambios en el cuerpo de su pareja. Muchos se sumergen en la voluptuosidad creciente de los pechos femeninos e incluso agradecen a las hormonas sensibilizar de manera especial a su mujer.

Personas como Jena Pincott, escritora interesada en analizar las investigaciones de las dos últimas décadas, han determinado tres prototipos de hombres: los ‘X’, los ‘Y’ y los ‘Z’.

Entre los primeros está aquel que ni siquiera intentaría serle infiel a la futura madre, por una sencilla y primaria razón: porque su apetito sexual decae en picada mientras ella está embarazada. Y según la investigadora, lo más destacable de los X es su tendencia a ser los mejores padres.

El grupo de los ‘Y’ es el más numeroso. Ellos no solo son absolutamente fieles; como un plus adicional, ven a su mujer mucho más atractiva durante la etapa de gestación, pero sienten mayor temor a hacerle daño al bebé si tienen relaciones sexuales.

Los ‘Z’ son los infieles en potencia… y muy pocos. A este tipo de hombre, ver cambiar la actitud y el cuerpo de su compañera le genera rechazo y sencillamente pierde el apetito sexual… por ella.

Para finalizar sus conclusiones, Jena Pincott habla de los especímenes ‘mitad X, mitad Y’. Ellos, al igual que sus esposas, experimentan picos de prolactina, ganas de vomitar, se engordan y perciben el mundo de una forma diferente.

¿Por qué tener sexo?

El sexo también es una forma de comunicación y la pareja es la llamada a dotarla de canales armónicos y resistentes. Además no hay que tener ningún temor de hacerle daño al bebé. Él está rodeado de una excelente fortaleza; la placenta, los músculos del abdomen y la piel hacen una maravillosa labor de protección, lo mismo que el tapón mucoso en la parte baja del útero.

Muy cómodo en su casita, el bebé solo podrá sentir a través de las emociones -positivas o negativas- experimentadas por su madre. El amor que preside una relación sexual puede ser un excelente alimento emocional para él, así como el suave balanceo producido por las manifestaciones de afecto entre la pareja.

El desconocimiento de las ventajas de tener sexo en el embarazo puede acrecentar las dudas. Por eso, antes de seguir por caminos equivocados, es mejor conocer esos beneficios y aprovechar al máximo la maravillosa unión con la pareja.

Primero que todo, la irrigación sanguínea aumenta en la zona la sensibilidad vaginal. Sumado a eso, el embarazo altera el flujo, logrando una mayor lubricación de la zona. Lo anterior es redondeado por la despreocupación del acto, sin necesidad de condones o pastillas anticonceptivas.

Como si fuera poco, los estrógenos nos dotan de voluptuosidad, haciéndonos sentir más deseadas. Los hombres rara vez se resisten a los encantos de unos pechos grandes. Y el coctel hormonal hace que algunas mujeres alcancen los mejores orgasmos de sus vidas.

¿Sigue teniendo miedo? Las mujeres embarazadas van a controles médicos cada mes, o menos si es necesario. Así que si por su cabeza continúan rondando ideas preocupantes sobre ejercer una sexualidad plena durante la etapa de gestación, lo mejor para estar segura es que le pregunte y se asesore de su ginecólogo u obstetra sobre el tema, pues las condiciones físicas varían de mujer a mujer.

Existe otra opción: de todas maneras, la gestación es una excelente etapa para darles cabida a los juegos eróticos y sugestivos, muy útiles cuando la pareja no se anima a amarse sin reservas por temor.

Habla un  experto

A menos que el embarazo sea de alto riesgo y el sexo esté contraindicado médicamente, no hay ningún motivo para no gozar de intimidad mientras esperamos la llegada de nuestro hijo.

Consultamos a uno de los especialistas con mayor experiencia en el área, para que nos ayudara a entender la situación y sus beneficios. El doctor Luis Alfonso López es ginecólogo obstetra de la Universidad del Rosario, presidente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología, secretario general de la Federación Colombiana de Ginecología y profesor universitario.

– ¿Cómo se explica que los orgasmos en mujeres embarazadas sean beneficiosos para los bebés y  ayuden en la preparación del parto?

En el embarazo, la relación sexual no tiene ningún inconveniente (salvo en casos especiales). Desde el punto de vista sicológico, la mujer se vuelve mucho más sensible y necesita sentirse deseable para el sexo masculino. El encuentro lo confirma, ayudándole de manera segura y tranquila a llevar un embarazo más adecuado.

Fisiológicamente, en la relación sexual se produce una serie de contracciones en el útero, cuello uterino y ligamentos de sostén, al parecer, favorecedoras en la preparación del trabajo de parto. Pero no está comprobado, pues no hay una evidencia clara sobre este tema.

– Algunos estudios dicen que los bebés sienten placer con los orgasmos de sus madres. ¿Cómo se explica?

Hay una relación en las emociones de la madre y lo percibido por el bebé en el útero. Los cambios de dopamina podrían influirlo, llevándolo a experimentar tanto placer como angustia.

El acto sexual y el orgasmo dan una sensación de placidez, de satisfacción. Y este sentimiento positivo en la mujer libera más cantidad de esa hormona, influyendo al bebé de una manera igualmente positiva.

– ¿Otras actividades en pareja aconsejables para el bienestar de la mujer?

Muchas. El embarazo es un acto de construcción permanente desde el principio hasta el fin. Y en este acto, la intervención de la pareja es muy importante para construir desde lo pequeño. Por ejemplo, decidir qué colores va a tener el cuarto del bebé. El apoyo de la pareja, la familia y los amigos también puede darle a la madre la seguridad en momentos de vulnerabilidad.

– ¿Qué recomendaciones considera pertinentes?

En el comienzo del embarazo, si no hay sangrados o flujos anormales, no hay ninguna contraindicación. Lo importante es estar alerta a posibles amenazas de aborto y a otras complicaciones.

En el tercer trimestre del embarazo, la recomendación es no hacer la posición del misionero. La pareja debe optar por posiciones que no generen presiones en el abdomen.

Por otra parte, el riesgo de parto prematuro no congenia con el sexo. Básicamente, el semen tiene prostaglandina, hormona mediadora del inicio de la contracción uterina. Entonces, las mujeres que tienen amenaza de parto prematuro podrían aumentar el riesgo teniendo una relación sexual completa.

Fuente El Universal Colombia

 

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