Reloj biológico y cambio social

Pedro N. Barri

Director del departamento de Obstetricia, Ginecología y Reproducción del Institut Universitari Dexeus

La especie humana tiene un rendimiento reproductivo pobre y la tasa mensual de fecundidad natural no supera el 20% y es la más baja del reino animal. En otras palabras, una pareja supuestamente fértil puede necesitar un mínimo de 5-6 meses para conseguir un embarazo espontáneamente. Este bajo potencial de fertilidad que debería ser protegido y potenciado está amenazado por riesgos de orden médico pero principalmente de tipo social. No hay más que analizar los datos sociodemográficos españoles y compararlos con la situación que se da en Europa. En las últimas décadas se ha observado un incremento de la edad a la que las mujeres tienen su primer hijo, siendo en el 2010 la media de edad de 29,7 años en la Unión Europea mientras que en España es 31 años. Por otra parte, la tasa de fecundidad (número de nacimientos por cada 1.000 mujeres en edad fértil en un año) óptima para conseguir un reemplazo generacional necesario para alcanzar una pirámide de población estable debería ser de 2,1 hijos por mujer. La media europea de este valor es de 1,6 –en España es 1,4– y muestra grandes diferencias entre el norte y el sur de Europa con Suecia y Reino Unido rozando los 2 hijos por mujer. La situación en España es, como vemos, realmente complicada ya que coinciden tendencias sociales comunes en todo el mundo occidental con pobres ayudas por parte de la Administración.

Volviendo a los cambios que ha experimentado la sociedad en los últimos 30 años es incuestionable el progresivo retraso de la maternidad. Los factores sociológicos que nos han llevado a esta situación están en relación con un mayor y mejor acceso a los métodos anticonceptivos que ha permitido separar sexualidad y reproducción facilitando que las mujeres tengan el número de hijos que deseen y que los tengan en el momento que consideren idóneo. No obstante, el factor fundamental hay que buscarlo en el mejor desarrollo profesional de la mujer que le lleva a priorizar su carrera y a posponer su deseo reproductivo. Una deriva de esta corriente se da en EE.UU. y se conoce con el acrónimo Dink (dual income no kids). Es decir estas parejas jóvenes prefieren su bienestar material antes que cumplir su deseo genésico. En países de nuestro entorno se estima que un 10% de las parejas decide voluntariamente no tener hijos. La situación es pues complicada ya que se combinan el paso del tiempo y el peso inexorable del reloj biológico con una menor protección social al desarrollo familiar. Es fácil entender que el escenario que se plantea asusta a los demógrafos y debería inquietar seriamente a los gobiernos.

Médicamente el problema está identificado ya que es de tiempo conocido que la mujer a partir de los 38 años empieza a padecer una pérdida progresiva de su potencial reproductivo que se traduce en una peor cantidad y calidad de los óvulos que producen sus ovarios con la consiguiente reducción de su posibilidad de conseguir un embarazo y con el notable aumento de riesgo de padecer un aborto. Existe la falsa creencia de que la moderna medicina de la reproducción gracias a las Técnicas de Reproducción Asistida (TRA) va a resolver el problema que el paso del tiempo ha creado. Las mujeres son conocedoras del problema pero hay que informarles adecuadamente de las posibilidades reales de las TRA a su edad. Es decir, el mejor tratamiento que podemos ofrecerles es la prevención a través de la información rigurosa y científicamente consistente. Hay que explicar individualmente a cada mujer su situación biológica basada no únicamente en la edad sino también en las posibles patologías médicas asociadas como la endometriosis o los miomas uterinos que sabemos son más prevalentes a medida que la edad avanza.

La especie humana es una de las pocas en la que existe la menopausia. En otras especies, las hembras mueren tras parir a sus últimas crías. Afortunadamente el progreso de los cuidados de salud y los hábitos de vida saludables han llevado a la mujer a superar ampliamente, habitualmente en más de 30 años, el final de su vida reproductiva. A pesar del progreso social y tecnológico la vida reproductiva está únicamente basada en la biología mientras que la vida real es fundamentalmente evolucionista.

¿Cómo puede la medicina ayudar a hacer frente a esta pérdida reproductiva debida al paso del tiempo? He dejado claro que las TRA en sí no son la solución, sin embargo sí que pueden ofrecer alternativas. Actualmente es cada vez más frecuente aplicar técnicas de congelación/vitrificación de óvulos para preservar la fertilidad de mujeres que, por razones personales, desean retrasar su deseo reproductivo. Estas son alternativas médicamente seguras sobre las que se debe informar. Si lo hacemos así, contribuiremos junto con las oportunas políticas sociales a proteger el derecho a elegir el momento adecuado para tener un hijo.

Publicado en La Vanguardia

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

5 × cinco =