Preservar la fertilidad desde la atención primaria de salud

La baja fecundidad que hay en Cuba es uno de los temas que más ocupan al país en la actualidad. La magnitud y complejidad de este fenómeno es el principal reto socio-demográfico que debe enfrentar el país por su impacto en la vida social, económica y familiar; así como su incidencia en la seguridad, la asistencia social, los servicios de salud y la reposición de la fuerza de trabajo.

En 1970 nació en Cuba casi el doble de personas que en el 2012. A partir de esa década la natalidad comenzó a experimentar un notable descenso. Desde entonces, nos encontramos por debajo del índice de reemplazo, con la consecuente incidencia en el envejecimiento poblacional.

El descenso de la fecundidad y el envejecimiento poblacional constituyen, según los expertos, los principales problemas demográficos actuales y perspectivos de la población con repercusión en la salud y la economía. La sociedad debe entender que la fertilidad es un aspecto de la salud creciente en nuestros tiempos, y se deben realizar esfuerzos para difundir y comunicar correctamente esta problemática.

La necesidad de que las mujeres en edad reproductiva incrementen la responsabilidad en el cuidado de su salud sexual y reproductiva es fundamental. La mejor alternativa para solucionarlos, es la prevención y la promoción de la salud.

Si consideramos esto como un proceso educativo de enseñanza-aprendizaje, con la utilización de los recursos disponibles según las condiciones de vida que posee y la transformación de hábitos y costumbres en estilos de vida más saludables, entonces se entiende que la educación para la salud constituye un instrumento fundamental en el proceso de promoción de salud que donde mejor se logra es en la atención primaria, pues existe un programa del médico de familia con gran experiencia en este sentido.

La construcción progresiva de los conceptos de Salud Reproductiva y Salud Sexual, así como de los derechos que respaldan su realización, ha generado importantes cambios en la provisión de los servicios de salud materno-infantil y de planificación familiar. Tal mirada se sustenta en una concepción más abarcadora de la salud, que supera las aproximaciones predominantemente demográficas y centradas en lo materno-infantil que prevalecían hasta comienzos de los 90, e incluye el reconocimiento, la promoción y el pleno respeto de los derechos humanos en los ámbitos de la sexualidad y la reproducción. En el contexto de este proceso de cambios, desde 1997, el Ministerio de Salud definió la Salud Sexual y Reproductiva como una de las prioridades de salud en el país.

La relación entre las enfermedades de transmisión sexual y la práctica del aborto -utilizado por los jóvenes y por gran parte de la población como método anticonceptivo- y la infertilidad es conocida. Las infecciones porChlamydia, gonococcia y bacterias anaerobias asociadas frecuentemente a la vaginosis bacteriana son las principales causas de infertilidad tubárica. La dificultad en la prevención de estas infecciones radica en su característica directamente silente en muchos casos, por lo cual algunos epidemiólogos enfatizan en controlar especialmente las infecciones del tracto genital inferior que las originan. La recomendación más importante y efectiva que se puede implementar es el uso del preservativo, incluso en las que utilizan otros métodos anticonceptivos. El énfasis, por ende, debe darse a nivel de la atención primaria, y especialmente en poblaciones de riesgo, como por ejemplo, las mujeres de bajo nivel socioeconómico, las más expuestas a infecciones, así como a la práctica del aborto, entre otras.

Las medidas deben estar dirigidas a proveer de mayor información a las mujeres y los hombres -desde la adolescencia y en todas las edades-, sobre la posibilidad de acceder a métodos anticonceptivos que permitan embarazos planificados y deseados que no terminen en abortos, causa fundamental de infertilidad en años posteriores.

El programa de atención integral a la sexualidad y su implementación cada vez más consciente y efectiva, logra que los adolescentes y también las personas adultas tengan una actitud más responsable. La utilización del condón para la protección de las infecciones de transmisión sexual, y disminución de los embarazos no deseados o no planificados, hace posible preservar con gran éxito la fertilidad desde la atención primaria de salud.

Fuente: scielo.sld.cu

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