Ponen pausa al reloj biológico

Rocío Sánchez

Sea por enfermedad o por motivaciones sociales, algunas personas deciden posponer su reproducción. Hoy existe una manera segura de hacerlo a través del almacenamiento de óvulos y espermatozoides. Se trata de la preservación de la fertilidad, una serie de técnicas que conservan dichas células durante varios años con el fin de que puedan ser empleadas cuando la persona lo disponga.

Los procedimientos de preservación de la fertilidad permiten congelar, por ejemplo, óvulos de una mujer de 30 años que podrán ser usados para la reproducción cuando ella tenga 40 años o quizá más. Así se garantiza la participación de óvulos jóvenes en el proceso reproductivo de una persona madura, lo cual le daría mejores posibilidades de embarazarse.

Por deseo o por necesidad

Las causas por las que una persona –sea hombre o mujer– decide preservar su fertilidad pueden ser médicas o sociales. Las primeras se refieren a procedimientos médicos que afectan las células reproductivas. Tal es el caso del cáncer, ya que el tratamiento oncológico suele dañar los óvulos y espermatozoides.

Numerosos casos de cáncer de testículo, de mama o cérvicouterino se presentan en personas jóvenes, antes de que inicien su vida reproductiva, explica el doctor Carlos Maquita, director de RedCrea, un centro con diez años de experiencia en la reproducción asistida. En estos casos, antes de someter a la persona a radio o quimioterapia, se recomienda preservar sus células reproductivas.

En cuanto a las causas sociales, éstas tienden a influir más en las mujeres, ya que su periodo reproductivo llega a su límite alrededor de los 45 años. Aunado a esto, la calidad de los óvulos comienza a decaer a partir de los 35, por lo que, con el paso del tiempo, se hace más difícil conseguir un embarazo. “Hay mujeres que retrasan el tener hijos por su desarrollo profesional, personal o porque no tienen una pareja estable”, refiere Maquita. “Esas son buenas indicaciones sociales para conservar su fertilidad de esta manera”.

Otra situación en la que el doctor recomienda la preservación de la fertilidad es en los varones que, muy jóvenes, quieren hacerse una vasectomía. “Hemos visto casos de pacientes que a los 20 o 25 años ya deciden hacerse una vasectomía porque en ese momento piensan que no quieren tener hijos, o algunos se casan muy jóvenes, tienen dos hijos y se operan, y resulta que después se divorcian y quieren tener hijos con la nueva pareja”. En esos casos, la preservación se hace antes de la vasectomía.

Procedimiento

Tanto óvulos como espermatozoides se conservan mediante congelación, la cual se puede conseguir a través de dos técnicas: una es la criopreservación, donde las células se congelan lentamente, y otra es la vitrificación, una congelación súbita. Con esta última, refiere Maquita, se logra rescatar una mayor cantidad de óvulos cuando se descongelan para utilizarlos. Algunas referencias médicas indican que, de esta forma, las células pueden conservarse hasta 15 años o más.

El procedimiento inicia con una serie de análisis de sangre y cultivos vaginales o de semen, para verificar que la persona esté libre de infecciones. A las mujeres se les practica, además, un análisis de hormonas para evaluar la calidad de su ovulación.

En el caso de los hombres, el procedimiento es sencillo. Las muestras de semen se obtienen a través de masturbación y se les piden unas cinco o seis muestras durante un lapso de dos semanas. Es necesario conservar muchos más espermatozoides porque al descongelarlos, muchos de ellos se pierden.

Para las mujeres, el proceso es más complejo. Se les deben suministrar hormonas para inducir la ovulación, que harán que se produzca más de un óvulo en un solo ciclo. “A través de varios análisis y ultrasonidos vigilamos cómo van creciendo esos óvulos y cuando la mujer está a punto de ovular, damos un último medicamento para terminar la maduración de los óvulos”.

De esta forma, se obtienen entre ocho y 15 óvulos en un ciclo. Luego de 36 horas de haber dado el último medicamento, las células se extraen con un aparato de ultrasonido que porta una aguja, con la cual se pinchan los ovarios. Este último proceso se realiza en el quirófano, bajo anestesia local. Por lo general, aclara el especialista, un solo ciclo de estimulación basta para preservar una muestra.

Bajo custodia
Óvulos y espermatozoides se almacenan en tanques de criopreservación que funcionan con nitrógeno. La identificación de las muestras, afirma el doctor Maquita, es muy importante: todo para asegurar que no se confundan. Cada paciente debe firmar algunas formas de consentimiento informado y un contrato, el cual tiene cierta vigencia y al cabo de ese tiempo debe ser renovado.

El costo de la preservación de la fertilidad varía de manera importante, pues hasta el momento en México sólo se realiza en el sector privado. Para las mujeres, el procedimiento para extracción de óvulos puede costar desde 40 hasta cien mil pesos, más el costo del almacenaje, que se puede pagar mensual o anualmente. En los varones, al ser más sencillo el procedimiento, el costo baja, rondando los mil 500 pesos el procedimiento de congelación.

Una vez que la persona decide tener un hijo, se analiza a su pareja para ver que las condiciones para el embarazo sean las requeridas. Cuando las células preservadas son espermatozoides, las muestras de semen se descongelan para realizar una serie de inseminaciones artificiales a la pareja. Tratándose de la mujer, sus óvulos se descongelan para realizar una fecundación in vitro con semen de su pareja, y esos óvulos fecundados se colocan dentro de la matriz.

A pesar de que se utilizan técnicas de reproducción asistida, Carlos Maquita asegura que la preservación de la fertilidad no tiene dilemas éticos ni genera grandes polémicas. “Si yo tengo cáncer de testículo y quiero conservar mis espermas, nadie va a decir que no a eso: ni la Iglesia ni los políticos, ni los más conservadores ni los más liberales”.

En todo caso, estos procedimientos en México se rigen por las mismas disposiciones legales que los transplantes de órganos. De hecho, cuando la persona deja de pagar el mantenimiento de sus células, los contratos otorgan plazos de cinco o hasta diez años para que se presente a reclamarlas, de lo contrario, dichas células pueden tener dos destinos: uno, la donación altruista a parejas que las necesiten, o dos, su destrucción.

Publicado en La Jornada

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