Niños de probeta: ¿de dónde vengo?

Los profesionales recomiendan respetar los momentos de los chicos y responder siempre con la verdad cuando pregunten; sugieren hacer hincapié en el amor de la búsqueda; testimonios

Julieta tiene 34 años y cuenta que desde muy chica supo que quería ser madre. Dice también que se enamoró de un hombre que no podía tener hijos y que ni dudaron en recurrir a un banco de semen para concebir vía inseminación artificial. Así llegaron los mellizos Lola y Tomás, que hoy tienen 8 años. ¿Cómo contarles cómo llegaron al mundo? La pregunta le ronda a Julieta, que espera con ansiedad el momento de enfrentarla.

“Estoy ansiosa porque llegue ese momento, me gustaría contarles, pero se que es mejor esperar a que ellos quieran saber”, señala. De todos modos, agrega, “les vivo diciendo que todos somos distintos, que hay diferentes formas de familias y que lo más importante es el amor por buscar un hijo; les voy a contar que ellos llegaron al mundo porque los buscamos mucho, porque fueron muy deseados”.

En la Argentina ya nacieron más de 15.000 niños por fertilización de alta complejidad y las cifras se incrementan año a año. El especialista en fertilidad Roberto Cocco, director científico de Fecunditas y uno de los pioneros de estos tratamientos en el país, estima que cada día nacen cinco chicos por fecundación asistida y, según considera, en la medida en que esto se incrementa van reduciéndose los tabúes y la resistencia a hablar de este tema.

“Al principio la pareja infértil era mucho más castigada por todos, entonces, se recluía, se aislaba y trataba de no comunicar nada que tuviera que ver con la paternidad”, cuenta Cocco. “Ahora, parece que los tiempos están cambiando y se empieza a hablar más. Los padres cuentan la experiencia en su entorno y también se permiten hablar con los chicos, que preguntan desde lo más natural, nunca desde un lugar condenatorio”.

El médico reconoce que en la sociedad aún existen algunas presiones innecesarias. “Muchas veces se señala a las parejas que no tienen un hijo; se empiezan a poner carátulas como el “por algo será”, realmente será que no lo quieren tanto, quién será el culpable”, relata. Se estima que entre el 10 y el 15% de las parejas padecen infertilidad y cada año, los 32 centros especializados de todo el país realizan 6000 tratamientos de fertilización de alta complejidad.

Sin ansiedades. La psicóloga Rut Willner, especialista en temas de fertilidad, conversa con lanacion.com sobre el crecimiento de consultas de padres que no saben muy bien cómo encarar el tema cuando los hijos empiezan a preguntar acerca de su origen. Ella, con una sonrisa amplia, habla desde un lugar amoroso más que científico.

“Es una pregunta recurrente de los padres: ¿cuánto de todo esto que vivimos hay que decirle a nuestros hijos?, preguntan. Trato de calmarlos”, dice. Y se explaya, como si le hablara a esos padres. “Los chicos tienen que saber que fueron muy anticipados, muy deseados y requirieron ayuda. Esa es la verdad. Nunca cargarlos con el reproche del “¡cuánto nos costaste!”.

Tampoco la ansiedad es buena consejera. Como Cocco, recomienda esperar los tiempos de los chicos y no acelerar los planteos; cuando lleguen las preguntas sobre sexualidad lo importante es ir respondiéndolas acorde al nivel evolutivo de los niños. “En la medida en que los padres tengan la suficiente tranquilidad y paz interior como para haber elaborado ellos el camino que transitaron, la sugerencia es la disponibilidad a la apertura, esto significa estar dispuestos a compartir este recorrido que hicieron con sus hijos”, se explaya.

Hay una diferencia entre el secreto y el silencio. Lo primero, es algo denso, ocupa un espacio en el vínculo con el hijo, está interfiriendo porque hay algo que se oculta deliberadamente; el silencio, en cambio, es lo que no se dice pero que, llegado el mejor momento, deja de estar, se vuelve palabra porque hay disponibilidad a hablar y uno espera tranquilo ese momento.

Esta parece ser la clave del tema según los especialistas. Mantenerse en silencio, pero dispuestos a la verdad…a su debido tiempo.

Publicado en La Nación

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