Mi historia en el camino de la infertilidad

Mi nombre es Mariana Contreras, tengo 41 años, hace nueve años que me casé con mi marido Jorge. Apenas nos casamos tuvimos la dicha de quedar embarazados, la verdad que fue una muy buena grata sorpresa y regalito de bodas, nos casamos grandes entonces ya habíamos hablado que no íbamos a esperar, que cuando viniera viniera. Y así fue como llego a nuestras vidas Tomás, que hoy tiene 8 años, con un embarazo un poco complicado, con presión alta, con varias pérdidas y el enano llegó un poco antes porque rompí bolsa en la semana 37: un 22 de agosto del 2003.

Tomi nació con hipospadias así que estuvimos dos años con dos operaciones de por medio tratando de solucionar el tema. Cuando todo parecía encaminado pensamos y decidimos que era el momento de agrandar la familia. Y hacía allá fuimos; en el 2005, ingenuos de nosotros que pensábamos que al haber tenido un hijo y de manera tan rápida al iniciar nuestra búsqueda éste segundo así iba a ser.

Enseguida sí obtuvimos nuestro segundo Evatest positivo. Una alegría enorme, una emoción que se nos escapaba del corazón e inmediatamente lo comunicamos a toda nuestra familia y amigos. Ahí empezaban nuestros exámenes de sangre, ecografías trasvaginales. A los pocos días empezaron las pérdidas y ahí las angustias, los llantos, preocupaciones, volvíamos a repetir análisis de sangre, ecografías que delataban que las cosas no venían del todo bien… la verdad nuestra primera pérdida del embarazo fue algo terrible, caótico, de golpe empezaron las contracciones (contracciones que hasta ese momento nunca había vivenciado porque con Tomás rompí bolsa antes, tenia presión alta, la placenta estaba muy alta así que terminé en cesárea). Sentía las contracciones naturales de parto que para muchas mujeres es señal de “dar vida”, para nosotros significaba el final de nuestro tan ansiado segundo hijo/a. Nos dejaron muy solos los doctores, fuimos a una guardia donde a mi paso dejaba un reguero de sangre que parecía a nadie importar porque me mandaron de vuelta a casa con todo el dolor del mundo físico y emocional. Y quedándonos lo más difícil de todo: tener que volver a llamar a toda nuestra familia y amigos, para avisar que el embarazo se había detenido y había terminado.

Ahí cambiamos de médico y enseguida lográbamos otro positivo, en el 2006, nuestro tercer positivo. No quiero ser reiterativa, pero otra vez nos tocó pasar por lo mismo: betas continuas, ecos y a las ocho semanas se terminaba de nuevo.

En ese momento la doctora nos recomienda ir a ver a una hematóloga, quien es quien descubre después de una serie de análisis y preguntas que padezco de trombofilia, creíamos que ahí estaba la solución, pero no: en el 2008, con la heparina (medicación necesaria para este tipo de afección que hace que la sangre no se espese y se pueda alimentar el embrión) logramos un cuarto embarazo que no prosperó.

Un punto aparte también merece lo de la trombofilia: para lograr que te hagan este estudio (que para mi debería ser uno más de los de rutina que te hacen cuando una va al doctor con el deseo de tener un hijo) tenés que pasar por tres pérdidas o dos como en nuestro caso, y con la sospecha por todo lo que se dio en el embarazo de Tomás estaba presente ya.

Logramos (en el 2008) nuestro cuarto embarazo, nuestro cuarto positivo. Pero la heparina no alcanzó, otra vez se repetía lo mismo, y a medida que pasaban los días era como volver a ver la misma película, el corazón cada vez se estrujaba más. Ya a esa altura además Tomi pedía a su hermanita Lola (hasta nombre le había puesto porque quería una hermanita menor como su programa favorito de ese entonces, “Charlie y Lola”). Todos los días camino a su jardín pasábamos por una iglesia y le decía “Virgencita mandame una Lola”.

En este sumamos que cuando lo despedí en mi casa en forma natural (porque es lo que recomiendan los médicos) tuve que sacar fuerzas quien sabe de donde y agarrar entre mis manos el saco embrionario y ponerlo en un frasquito para mandarlo a analizar a la espera de que este gran esfuerzo nos trajera una solución.

Pero no se encontraron fallas, estaba todo normal, a lo que la hematóloga sentenció que somos unos de los pocos (es ínfimo el número) que con la heparina no alcanza, ella ahora nos recomendaba sumarle al próximo gammaglobulina, a medida que se sumaban los medicamentos estos crecían notablemente también de valor económico.

En el 2009 nos sorprendió otro positivo, el quinto, que se esfumó rápidamente, justo un día antes del festejo por el primer año de la Asociación, así que otra vez respirando hondo, muy hondo, juntando fuerzas para que el domingo en el Planetario una estuviera firme, con fuerzas para poder apoyar a todos mis compañeros de lucha y a todos quienes se acercaran y luchar por nuestra tan ansiada ley.

Otro capitulo aparte, en el 2007 luego de nuestra segunda pérdida empezando a buscar sobre la infertilidad tuve la suerte de encontrar un foro de infertilidad en argentina donde encontré gente fabulosa que nos entendíamos, que hablábamos el mismo idioma que nos acompañábamos tanto en las tristezas como en las alegrías.

Un día surgió la idea de poder hacer algo, de ese dolor ponerlo en acción, y así nació la idea de la Asociación, un sábado de diciembre del 2007 nos reuníamos en el Alto Palermo un grupito de no más de seis. Y así empezamos, en mayo del 2008, un 17 en el Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires le dábamos vida oficial, empezamos a juntar firmas, a salir a la calle a contarle a los demás de que se trata todo esto de la infertilidad, por ese entonces no mucho sabían, hoy por suerte y con más de 278.000 firmas que apoyan nuestra iniciativa popular, la mayoría ya sabe de que se trata.

Esperamos con ansias poder sí este año festejar la sanción de nuestra tan deseada “Ley de Fertilización Nacional” como nuestra Presidenta bien lo dijo en su discurso inaugural de las sesiones de este año, como tenemos la promesa de muchos de nuestros diputados, que sea cuanto antes, porque hay muchas familias que durante estos 26 años que se hacen estas técnicas en nuestro país han quedado afuera.

El porcentaje de quienes padecemos de infertilidad es alto: uno de cada seis parejas en edad reproductiva padece de algún trastorno en la fertilidad, la mayoría de los casos (un 80 %) se resuelve con una consulta a un especialista, algún estudio o tratamiento de baja complejidad; sólo un 20 % necesita llegar a un tratamiento de alta complejidad.

Nosotros ya cerramos después de haber perdido cinco embarazos nuestro corazón, nuestro cuerpo, nuestra alma no da más, pero seguiré firme al lado de quienes padecen de la infertilidad, acompañándolos en este tan duro camino que nos tocó transitar.

Mariana Contreras

Fuente y foto: Hablemos de infertilidad

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