Los expertos abordan pautas ante el ‘tabú’ de la esterilidad

Lejos de abocar a las parejas a un tratamiento sin más dilación, el manual ofrece unas pautas para tratar de evitar pasar por una situación tan compleja

Cuando las mujeres que te rodean están embarazadas: tu hermana, tu amiga, tu compañera de trabajo y hasta la vecina que no soportas, esbozas una sonrisa y tratas de salir airosa del temido “¿Y tú para cuando?”. La esterilidad no es un tema del que se hable con naturalidad, por eso el doctor Juan Antonio García Velasco, director del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) de Madrid, desmitifica en su libro, ‘Quiero ser madre’, todo el proceso.

Lejos de abocar a las parejas a un tratamiento sin más dilación, el manual ofrece unas pautas para tratar de evitar pasar por una situación tan compleja. El Dr. García Velasco insiste en que el factor que más condiciona la fertilidad en la actualidad es el aumento de la edad media del primer embarazo. “Hablamos de edades en que la mujer es socialmente joven, de los 38 a los 42 años, pero los ovarios están dejando de funcionar en términos reproductivos”.

Pero, ¿cuándo la calidad de los óvulos empieza a resentirse? Disminuye a los 35 años, mientras que a los 40 es realmente difícil poder concebir. En esos cinco años se produce un rápido declive de la capacidad reproductiva que se une a la aparición de una serie de enfermedades –endometriosis, miomas– . Por esa razón, el Dr. García Velasco aconseja a las parejas “no esperar más de un año en el caso de que no llegue el deseado embarazo, que es el tiempo que tarda el 80% de la población en concebir“, periodo que aconseja limitar a seis meses cuando la mujer tiene más de 40 años.

Independientemente de su edad, la procedencia étnica también va a condicionar el resultado reproductivo. Por ejemplo, en las afroamericanas la incidencia de miomas es altísima, mientras que en las mujeres asiáticas el envejecimiento ovárico empieza antes y no es extraño ver jóvenes de 28 o 30 años que tienen ovarios de mujeres de 40.

En nuestro país, no hay ninguna ley que limite la edad para poder someterse a un tratamiento de fertilidad, por eso muchas extranjeras acuden a los centros españoles en busca de ayuda, en espacial alemanas, francesas e inglesas. Sin embargo, existe un acuerdo entre las clínicas privadas para no trabajar con mujeres mayores de 50 años -la Seguridad Social pone como tope los 40- al considerar que es la edad media de la llegada de la menopausia y en base a que las complicaciones durante el embarazo se disparan.

TENER HIJOS TRAS LA MUERTE 

Sin embargo, las clínicas de fertilidad ya no reciben solo la visita de parejas con problemas para concebir, los más previsores engrosan las listas de pacientes de los centros. Hombres que padecen alguna enfermedad grave deciden congelar su semen para que, en caso de fallecimiento, su pareja pueda quedarse embarazada. En la actualidad, la ley limita el uso del semen a un año tras la muerte de la pareja.

No es una práctica tan reciente como se podría pensar. Corría el año 98 cuando el Dr. García Velasco recibió la llamada de la esposa de un senador americano que acababa de fallecer por un infarto de miocardio en las Fallas. Eran las tres de la madrugada cuando la desconsolada mujer le instó a recoger una muestra de semen del fallecido para poder tener un descendiente de su marido. Al no tener respaldo legal, tuvo que negarse a realizar la extracción, pero la idea no era disparatada.

EL MITO DEL EMBARAZO MÚLTIPLE

Entre los temores a un tratamiento de fertilidad destaca el miedo a tener un embarazo múltiple y los problemas que puede acarrear tanto en la madre como en los bebés. Cuando comenzaron los tratamientos de reproducción, para conseguir buenos resultados, se ponían más embriones de lo debido, provocando una cantidad de gemelos y de trillizos excesiva.

“Todo el mundo aprende de sus errores, nos dimos cuenta que eso no era bueno e incluso la propia legislación limitó en 2006 a tres embriones el máximo de embriones a transferir en nuestro país”, asegura el Dr. García Velasco.

Fuente y foto: Diario de Navarra

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