Lactancia Materna: en cualquier momento… en cualquier lugar

Lactancia Materna: en cualquier momento

Durante el final de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, en la ciudad de Miami, se apostaron unas cuantas decenas de madres a amamantar a sus hijos en un centro comercial, en señal de protesta por la  llamada de atención del personal de seguridad del edificio a una joven madre que intentaba amamantar a su hijo en público, pidiéndole su retiro si no se cubría los senos. Estas mujeres recordaron la ley promulgada en 1993 i  que indica que todo lugar público donde el menor y la madre estén autorizados a estar es un lugar adecuado para amamantar, sin restricción alguna, e invitaron a denunciar acciones de este tipo como agresión a un derecho civil. ii

Este evento me hizo recordar mi propia experiencia durante la lactancia de mis hijos y  lo complicado que se puede volver la necesidad de amamantar a un niño_ hambriento, irritable y que no tiene otro mecanismo más que el llanto para comunicarse_, mientras se está fuera de casa.  Toda maternidad, y con ella la lactancia, conlleva muchos cambios entre hormonales, físicos, emocionales y hasta sociales que, en proporción  al mayor o menor conocimiento, educación y ausencia o no de prejuicios será una experiencia placentera o muy estresante, en especial durante el primer embarazo.

Decir Miami es hablar de mucha playa, sol, fiestas y diversión, donde, sin importar el día, la playa siempre está llena y  la vida nocturna siempre está viva.  Gracias a la doble moral es controversial el amamantamiento en público, en completa contradicción con la exhibición de ropa muy escasa que no deja mucho a la imaginación y que puede ser explícitamente mostrada en cualquier parte de la ciudad.

La lactancia puede ser para una madre primeriza el primer y mayor éxito con su hijo, pero también puede ser la experiencia más frustrante que una mujer se pueda imaginar. Invito a hombres y mujeres adultos que se acuesten y se pongan un trozo de tela sobre su cara e intenten tomar una soda o cerveza en esa posición.  Veremos cuan fácil les resulta, cuantos se ahogan en el intento o se manchan, se les derrama o simplemente les resulta imposible. Y que además le agreguen la cara nerviosa del padre, los abuelos, tíos y/o personas extrañas alrededor que “se mueren de pena”. Nada fácil,  ¿no creen? Entonces, si no lo es para un adulto, ¿como esperan que para un niño pequeño la experiencia sea fácil y placentera?

Es triste pensar que tenga que ser el niño el que se tenga que adaptar a tal incomoda situación, en lugar de que los adultos tomemos consciencia y entendamos la importancia de esta practica, lo fundamental que es y lo complicada que se puede convertir si se ponen los prejuicios antes que la salud y la buena alimentación de un pequeño.  Además, si el prejuicio está en los hombres, no veo que les moleste ver chicas en micro trajes de baño o topless; y si el prejuicio está en las mujeres, no entiendo por qué se escandalizan al ver algo que ellas también poseen.

Por eso vuelvo a mencionar “la doble moral” y recuerdo que pensando en la nuevas generaciones, debemos facilitarles las herramientas necesarias para una vida saludable y feliz,  y recordar que la intolerancia ante algo tan noble como la lactancia podría ser contemplado como una violación a los derechos humanos del niño y de la madre.

 Fuente: intramed.net

 

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