La verdad sobre el romance cuando estás “haciendo” un bebé

La verdad sobre el romance cuando estás “haciendo” un bebé
La verdad sobre el romance cuando estás “haciendo” un bebé

“Mamá, estoy tan contento de que no soy una niña,”, dijo mi hijo de 7 años de edad, mientras esperaba a que yo terminara de maquillarme. Me pregunté si era porque pensaba que había demasiada presión sobre las mujeres para ser atractiva.

“¿Por qué dices eso?”, Murmuré mientras apresuradamente daba algunos toques con el rímel.

“Bueno… Es demasiado duro, yo no quiero quedar embarazada o dar a luz. Y, sobre todo, yo no quiero ninguna inyección.”

Yo seguía con mi maquillaje, y que bueno pues así disimulé un poco la impresión que me causó su comentario. En nuestra familia, decimos “enana” para todo lo que se refiere a las inyecciones o pincharse con una aguja. Al parecer, mi hijo ha oído nuestra historia de nuestra concepción o al menos lo suficiente como para recordar lo que uno tiene que pasar para tenerlo en nuestras vidas. Nuestro hijo es un bebé de probeta.

“Oh, cariño. No todo el mundo pasa por eso, sólo para quedar embarazada. Es sólo que mi cuerpo tiene dificultades para hacer bebés, así que necesitaba todo eso.”

Era lo único que podía decir para recordarle a mi hijo con respecto a lo que la gente que tiene hijos de forma no natural  experimenta. No quise decirle más, aún no estaba listo.

Siempre comparto algunos detalles con mi hijo acerca de cómo fue concebido, siempre me encuentro tratando de ser muy cuidadosa, para que no piense que es un mero acierto científico y que no fe producto de un acto de amor y romance. Lo fue, a pesar del procedimiento.

Mi marido y yo tuvimos varias citas y ambos sabíamos del compromiso, la dedicación y el sacrificio para hacer que funcionara.

Tuve inyecciones muy dolorosas, mi marido me consolaba cuando sentía la aguja y el líquido salir de ella para introducirse en mi cuerpo, era muy doloroso. A ambos nos preocupa cuando tuve algo de manchado después de mi transferencia de embriones.

Nos dimos la mano, lloramos y oramos juntos, mientras que en nuestro viaje al hospital, corriendo a través de las intersecciones matutinas, sangré en casi 20 semanas de gestación, y el miedo era latente al saber que aterrorizados que podría perder a mi  bebé, este bebé que habíamos trabajado tan duro para tenerlo en nuestros brazos.

¿No fue todo romance?

A pesar de la fuerte dependencia en la previsibilidad y el momento, nuestra vigilancia incesante de los números y de obsesionarse con el más leve de los síntomas percibidos, nunca nos sentimos más unidos, y yo no cambiaría nada de eso.

Nuestro romance fue de manera diferente que las demás parejas. Nos apoyamos y estuvimos juntos en tiempos de incertidumbre. Llorábamos, y sufríamos muchos dolores juntos. Nos conocimos más y supimos darnos más cariño, abrazos y afectos que cualquier pareja que se dice estar enamorado. Fue un trabajo de dos. Pasamos de las palabras de amor a la verdadera acción, y ahora vemos los resultados, nuestro hijo.

Fuente: www.huffingtonpost.com

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

2 × 5 =