La píldora ya no es la mala de la película


La última gran conquista de la píldora ha sido el poder romper con la leyenda negra.

En principio, todo parece más de lo mismo: un blíster con los días de la semana marcados, un comprimido diario a base de hormonas y la tranquilidad de tener bajo control la fertilidad. Más allá de los colorines o de su precio, a simple vista no hay quien distinga las actuales píldoras anticonceptivas de aquellas primeras que, allá por 1978, empezaron a comercializarse en la España de la Transición. Pero esta percepción de estancamiento, de continuidad, es errónea: en las tres últimas décadas, la evolución de la píldora ha sido constante y todavía hoy, en el siglo XXI, continúa habiendo avances y mejoras que van más allá de su eficacia anticonceptiva y ofrecen una mejora de la calidad de vida de sus consumidoras (el 20% de las españolas usuarias de métodos anticonceptivos la toman).

El mejor modo de comprender estos cambios es atender a lo que, según un estudio de la Fundación Española de Contracepción (FEC), la mujer española demanda de la píldora: «Fiabilidad, seguridad, control del ciclo y de los síntomas, y que no produzca un aumento de peso». A partir de esta idea, el doctor Ezequiel Pérez Campos, presidente de la FEC, nos explica que «en los últimos años se ha producido una segunda revolución en la anticoncepción hormonal: si el siglo XX nos dejó una píldora sumamente eficaz y segura, el siglo XXI nos está brindando beneficios añadidos». Estos han venido, fundamentalmente, de la mano de los gestágenos de nueva generación. Hay que recordar que la píldora clásica combina en su composición gestágenos y estrógenos, las dos principales hormonas femeninas, en distintas dosis. Pues bien, recientemente se ha introducido un nuevo gestágeno que, según el doctor Pérez Campos, «mejora síntomas de hiperandrogenismo –acné, piel o pelo graso, hirsutismo…–, evita la retención salina e hídrica, tiene una acción claramente benéfica sobre el síndrome premenstrual y, además, no provoca aumento de peso».

Así, mientras la usuaria del siglo XX únicamente esperaba que su píldora no le fallase, «ahora están aumentando las mujeres que demandan esos otros efectos positivos», explica la doctora Esther de la Viuda, presidenta de la Sociedad Española de Contracepción (SEC). «Y, además, los médicos estamos indicando cada vez más la píldora como tratamiento para determinadas patologías». Es el caso de la endometriosis, que cursa con reglas muy dolorosas; o de los miomas, que se suelen acompañar de sangrados abundantes. «Los anticonceptivos no resuelven estas enfermedades, pero pueden ser muy útiles en el manejo del dolor o del sangrado excesivo. También ayudan a prevenir una osteoporosis futura en aquellas chicas cuyos ovarios –bien por anorexia, bien por una intensa actividad física– dejan de producir estrógenos, necesarios para el desarrollo y mantenimiento del calcio del hueso».

Otro cambio de gran importancia se ha producido hace tan solo dos años. Hasta ese momento, la píldora solamente incluía estrógenos sintéticos, pues los naturales se desvirtuaban en el proceso digestivo. «Ahora se han encontrado dos nuevas vías para conseguir que el estrógeno natural no se degrade y se pueda absorber por vía oral», apunta el doctor Joaquim Calaf, responsable de Ginecología del Hospital Sant Pau y ginecólogo de la Clínica Quirón de Barcelona. Las ventajas de este nuevo estrógeno, explica, son de tres tipos: «Todo apunta, aunque son necesarios estudios a más largo plazo, a que podría mejorar el riesgo cardiovascular. También es plausible que pueda disminuir el riesgo de tener un cáncer de mama hormonodependiente. Además, estos preparados estimulan menos el endometrio y hacen que la cantidad y duración de la regla sea mucho menor, una ventaja importante para mujeres con reglas largas y abundantes». Si la disminución del dolor o de los sangrados es importante, también lo es en ocasiones el poder alargar el ciclo a conveniencia de la mujer, de forma que pueda decidir cuándo es el mejor momento para tener la regla.

En este sentido, en Estados Unidos ya se han aprobado dos nuevas píldoras: una de ellas reduce a cuatro las menstruaciones anuales; la otra se toma de forma indefinida, sin descansos y sin sangrado de ningún tipo. «En Europa aún no se han autorizado, pero con las píldoras que tenemos sí podemos jugar con las pautas extendidas y retrasar la regla de forma muy sencilla: simplemente, continuando la toma», explica la doctora De la Viuda. Además de la presentación clásica de 21 pastillas, a las que seguía un descanso de siete días en los que aparecía la menstruación, se han sumado otras presentaciones: blísteres con 28 píldoras –de las que las siete últimas son solo placebo y sirven para establecer una rutina diaria–, o la tendencia creciente, explica la doctora, «a acortar esa semana de placebo, con envases de 24+4, en las que solo estas cuatro últimas están libres de hormonas. Con ello se aumenta la seguridad en caso de que se olvide la toma de una pastilla».

Otra conquista de la anticoncepción hormonal en el siglo XXI es la consecución de métodos en los que no se administran estrógenos, sino únicamente gestágenos. Entre ellos, tenemos los implantes subcutáneos, las inyecciones, los DIU hormonados y, también, la conocida popularmente como minipíldora. «La píldora con solo gestágenos se está utilizando muchísimo en la lactancia, pues no inhibe la secreción de leche, pero también en todas aquellas mujeres que son intolerantes a los estrógenos o que tienen más de 35 años y son fumadoras», señala la doctora De la Viuda. En este sentido, quiere recordar que, en estos años, «también se ha cambiado mucho la indicación: durante décadas se dijo que la mujer mayor de 35 años ya no debía tomar la combinada; pues bien, ahora sabemos que la contraindicación no es la edad, sino el tabaco. Si no fumas, puedes tomarla tranquilamente hasta la menopausia. Y, si eres fumadora, entonces podrás optar por la minipíldora, sin estrógenos».

La idea, en definitiva, es «hacer un traje anticonceptivo a la medida de cada usuaria. Los profesionales debemos enfocar el consejo contraceptivo como si fuera un puzle, buscando la pieza que mejor encaje en cada mujer», explica el doctor Calaf. Cada vez hay más piezas y de hecho en el mercado hay disponibles en estos momentos en torno a 15 preparados diferentes, con distintas composiciones y efectos. Un último apunte en el que todos los expertos coinciden: la última gran conquista de la píldora ha sido el poder romper con la leyenda negra.

En 2010 se publicaron en el British Medical Journal los resultados de un estudio, realizado sobre 46.000 mujeres a lo largo de casi 40 años, en el que se comparaba la salud de quienes habían utilizado la píldora con la de quienes no la habían usado. «Los datos son potentísimos: se ha visto que las usuarias no han tenido mayor mortalidad por riesgos cardiovasculares, así como que su uso no solo no ha incrementado el riesgo global de cáncer, sino que ha podido reducir de modo notable el riesgo de cánceres de ovario y endometrio. Eso es algo que ahora podemos decir con toda seguridad», concluye la doctora De la Viuda.

Fuente: El País

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