La píldora puede enmascarar la respuesta a las terapias de fertilidad

La píldora puede enmascarar la respuesta a las terapias de fertilidad

Los anticonceptivos orales podrían influir en los dos parámetros más utilizados para medir la reserva ovárica, un factor más importante a la hora de calcular la posible respuesta a un tratamiento de estimulación ovárica en mujeres que necesitan de la reproducción asistida para ser madres. Así se desprende de un estudio presentado en el congreso de la Sociedad Europea de Reproducción Humana (ESHRE) que se ha celebrado la semana pasada en Munich.

El trabajo, que aún no ha sido publicado en una revista científica -aunque su autora ha señalado que se enviará este mismo otoño-, atribuye así un efecto enmascarador a la píldora, un método por el que opta un 21% de las mujeres que usan anticonceptivos. Sin embargo, como apunta el director del IVI Madrid, José Antonio García Velasco, los hallazgos no tienen implicaciones para la población general, en la que se han observado embarazos espontáneos con cifras muy bajas de estos parámetros.

Para medir la reserva ovárica y la respuesta al necesario tratamiento de estimulación ovárica que acompaña a cualquier fecundación in vitro (FIV), los especialistas se apoyan en dos marcadores, que son precisamente los valores que la píldora, según este nuevo trabajo, altera. Se trata de la hormona anti-Mulleriana (AMH) y el recuento de folículos antrales (AFC) en el ovario.

El trabajo analizó en un estudio prospectivo a las primeras 500 participantes de un estudio más amplio sobre factores biológicos y estilo de vida y su influencia en la fertilidad y comparó los parámetros antes mencionados entre usuarias de anticonceptivos orales y aquellas que no habían optado por este método.

De ellas, un 26,6% eran usuarias de la píldora y los investigadores dirigidos por Kathrine Birch Petersen, del Copenhagen University Hospital en Dinamarca, observaron que sus niveles de AMH y AFC eran un 19% y un 16% más bajo respectivamente que el mostraban las no consumidoras del medicamento. De hecho, una vez ajustados otros factores -como el tabaquismo o el IMC- la AMH seguía siendo hasta un 30% más baja y el AFC hasta un 20% menor en estas pacientes.

También se observó un descenso en el volumen ovárico de entre un 29% y un 52%, aunque el grupo de edad más afectado por el mismo era justamente el que menos dificultades suele tener para concebir, el de las mujeres de entre 19 y 29,9 años.

En el resumen del estudio, los propios autores resaltan algunas limitaciones del mismo. La principal, que se trata de una población que había asistido a un centro de fertilidad, por lo que puede haber un sesgo en la selección de los participantes, que podrían tener problemas reproductivos de base. Es precisamente lo que resalta García Velasco, a quien le preocupa el alarmismo que pueda generar una mala interpretación del trabajo “sin implicaciones para la población general”.

Para los investigadores, la implicación más importante del estudio es que la contracepción oral tiene un impacto importante en el volumen ovárico y moderado en los parámetros AFC y AMH. “El conocimiento de estos cambios en la morfología ovárica es importante cuando se utilizan parámetros asociados a la reserva ovárica para aconsejar sobre la capacidad reproductiva”, escriben los daneses.

Birch Petersen explica a este diario que “quedaron sorprendidos” ante el efecto de la píldora, aunque ya esperaban “encontrar alguno”. Aunque la especialista aclara que “es importante hacer énfasis en que la píldora no cambia los ovarios de forma permanente y no afecta la habilidad de quedarse embarazada en un futuro”, hace falta saber más sobre cuánto tardan estos en recuperarse desde el cese del consumo del fármaco. “En la mayoría de las mujeres el efecto de la píldora se revertirá entre tres y seis meses después de que dejen de usarla”, señala la experta danesa.

A efectos prácticos, la investigadora declaró que a las mujeres que acuden en la actualidad al servicio de asesoramiento de la fertilidad donde se realizó el trabajo, se les dice ahora que sus ovarios “pueden parecer más mayores y con un menor volumen” lo que, sin embargo, no tiene por qué reflejar su capacidad de reproducirse en el futuro. Para medir el llamado estatus del reloj biológico, la autora recomienda repetir la medición de la reserva ovárica tres meses después de dejar la píldora.

García Velasco, sin embargo, señala que esta recomendación no es práctica ya que la mayoría de las mujeres que acuden a un centro de fertilidad “quieren empezar cuanto antes” a intentar el embarazo y “no sería práctico” decirles que volvieran tres meses después de dejar la píldora, sobre todo cuando el valor predictivo de estos parámetros es “interesante pero no definitivo”. Sin embargo, el experto reconoce que el trabajo sí servirá para que los especialistas en reproducción asistida “precisen más” los resultados de las pruebas y sepan que los valores serán normalmente algo mayores que lo que dicen los test.

García Velasco señala también que “ya se sospechaba” este posible efecto enmascarador de la píldora, aunque este es el primer estudio serio que lo demuestra aunque, como señala la investigadora, otros estudios de cohorte también lo habían observado, aunque no con tanto detalle.

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