La masculinidad reducida a 2 genes

El cromosoma Y es el símbolo de la masculinidad. El proyecto genoma humano permitió obtener la secuencia completa de los genes de este cromosoma hace ahora una década. La mitad del material genético que contiene el cromosoma Y son repeticiones en tándem, denominadas ADN satélites. Y el resto pose unos 70 genes, que dan lugar a 27 proteínas distintas. Además, se sabe que la deleción o mutación de algunos de estos genes masculinos no provoca alteraciones.

Una investigación publicada en el último número de la revista “Science” da un paso y más con ayuda de la reproducción asistida demuestra que se puede obtener descendencia fértil con tan sólo dos de esos genes, dejando de lado el resto del cromosoma. De momento sólo se ha logrado en ratones, lo que dará un respiro a más de uno, pero el siguiente paso no es difícil de adivinar. “La mayoría de los genes del cromosoma Y del ratón son necesarios para la fertilización normal”, señala Monika A. Ward, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Hawai, donde se ha llevado a cabo este trabajo. “Sin embargo, cuando se trata de la reproducción asistida, nuestro estudio en ratones demuestra que la contribución de cromosoma Y puede ser reducida al mínimo. Es posible eliminar el cromosoma Y del ratón si se sustituye por los dos genes adecuados”. Y estos genes adecuados son sólo dos, que representarían “la esencia de la masculinidad”.

Esencia de la masculinidad

El primero es el factor determinante testicular (SRY), que se describió en 1990 y se localiza en el brazo corto del cromosoma Y. El gen SRY ejerce una función activadora de la diferenciación de los testículos. La translocación (cambio de posición) del gen SRY a uno de los cromosomas X explica una proporción importante de los hermafroditismos. El segundo es el factor de proliferación espermatogonial, Eif2s3y, implicado en la formación de los espermatozoides. El resto, según esta investigación, son totalmente prescindibles.

¿Significa esto que ya no es necesario el cromosoma Y? La respuesta es sí, aunque con matices, como explica Ward. En teoría, y en la realidad ya en ratones, no es necesario debido a los avances en reproducción asistida. Aunque, obviamente, no hace falta resaltar el importante papel de este cromosoma sexual en la reproducción normal, sin asistencia técnica.

El equipo liderado por la doctora Ward se propuso averiguar el número mínimo de genes del cromosoma Y necesarios para obtener, mediante reproducción asistida un camada de ratones sanos y fértiles, capaz de engendrar una segunda generación de roedores, esta vez sin la ayuda de la técnica.

Para ello utilizaron ratones macho transgénicos que contenían solo la “esencia de la masculinidad”, es decir, los genes Sry y Eif2s3y. Estos roedores modificados genéticamente no eran fértiles porque Los ratones fueron considerados infértiles porque las células germinales que deberían haberse desarrollado en esperma no maduraron del todo.

Pero los investigadores fueron capaces de encontrar algunas células utilizables Con estas pocas células, que “a duras penas pasaron el control de calidad” consiguieron fecundar ovocitos en el laboratorio mediante una técnica que, como los huracanes, tienen nombre de mujer: ROSI. Se trata de la microinyección intracitoplasmática de espermátidas redondas (por sus siglas en inglés).

Cuando los embriones así formados se transfirieron a hembras de roedores se obtuvieron crías vivas y sanas. Y con el tiempo, que no es mucho para los roedores, han demostrado ser fértiles.¿Futuro incierto del cromosoma Y?Los resultados del estudio son importantes, pero no directamente aplicables a los casos de infertilidad masculina humana. Sin embargo no hay que olvidar el avance de las técnicas de reproducción asistida, que permiten obviar varios pasos de la fertilización humana normal utilizando espermatozoides inmóviles, no viables, o inmaduros. En la actualidad, ROSI todavía está en fase experimental y no es aplicable en reproducción humana. Pero los investigadores esperan que el éxito de ROSI en los trabajos con ratones puedan servir para apoyar potenciar este enfoque como una opción viable para superar la infertilidad en los hombres en el futuro.

No hay que olvidar, sin embargo, que una técnica de reproducción asistida de uso hoy frecuente, la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), también generó incertidumbre en sus inicios, de la misma forma que lo hace ahora la microinyección intracitoplasmática de espermátidas redondas (ROSI) o la microinyección intracitoplasmática de espermátidas elongadas (ELSI).

Si tiramos de la “memoria histórica”, cabe recordar que ICSI supuso un paso importante desde su utilización por primera hace dos décadas. Remontándonos más atrás, el primer éxito de fecundación in vitro en mamíferos tras una microinyección espermática se consiguió en hámster en 1976 por Echara y Yanagimachi. Pero la tasa de fecundación fue muy baja por lo que en 1992 se consiguió mejorar la técnica de micromanipulación, con el desarrollo de la microinyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), que tenía una elevada tasa de fecundación. Desde entonces, la ICSI se ha utilizado en todo el mundo.

Respecto al futuro del cromosoma Y humano, los investigadores coinciden en que por ahora no va de camino hacia el olvido. Hoy por hoy, su información genética es importante para el desarrollo de esperma maduro y su función en la fertilización normal. Igual que ocurre para los ratones. ¿De momento?

Publicado en ABC

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