Infertilidad y sexualidad

Esterilidad o infertilidad

Es un hecho que la infertilidad da lugar a muchos cambios en una relación de pareja. Puede unirlos aún más a pesar de la tristeza y la esperanza callada o puede poner de manifiesto sentimientos de culpa, resentimiento o por el contrario, sentimientos de apoyo y comprensión mutua, pues se trata de una situación compartida nunca antes experimentada por ambos.

Cuando los meses dedicados a la búsqueda de soluciones se convierten en años de frustración, no es extraño que el sexo pierda rápidamente muchas de sus asociaciones con el placer y se vuelva más bien una actividad con fines reproductivos. El fracaso para concebir ciertamente destruye la autoestima, la confianza en sí mismos y la sexualidad.

Una vez establecido un diagnóstico de infertilidad, su efecto psicológico sobre la sexualidad guarda mucha relación con la imagen que uno tiene de sí mismo. La fertilidad es una expresión muy básica de la sexualidad. Por ejemplo, solemos dar por hecho que una mujer embarazada ha tenido relaciones sexuales para poder quedar en ese estado.

En muchas culturas, el hombre que tiene seis hijos posee un estatus social más alto que un hombre que no ha tenido ninguno, ya que se le considera más potente y viril. El término antiguo para designar a una mujer incapaz de tener hijos es estéril, una palabra despojada de toda connotación sexual.

En textos especializados se ha descrito la respuesta emocional a un diagnóstico de infertilidad como una reacción de pesar, pues esta situación implica varias pérdidas: los hijos potenciales y la familia planeada con la que siempre se soñó; la contribución personal a las generaciones futuras; la continuidad genética; las experiencias de la concepción, el embarazo y el alumbramiento; el regalo de los nietos para nuestros padres; el significado central de nuestro plan de vida y del matrimonio y el potencial procreativo de las relaciones sexuales.

Es muy común que al enfrentarse con el trauma de la infertilidad, una mujer se sienta “menos mujer” y un hombre, “menos hombre”. Muchos hombres creen ser un fiasco o un fracasado sexual y otras expresiones relacionadas con un sentimiento de castración. Al respecto, si una pareja intenta tener un hijo mediante una inseminación artificial de donante, conviene que el hombre esté en condiciones de reintegrar su autoimagen sexual antes de consentir el uso de esperma de otro hombre para lograr un embarazo en su esposa.

La mujer también suele sentir amenazada su sexualidad cuando se enfrenta con la posibilidad de no ser madre. Quizás la expectativa de procrear que nos inculca la sociedad esté más arraigada en la mujer que en el hombre. Cuando ésta se ve frustrada, con frecuencia se presenta el sentimiento de haber fallado como “mujer propiamente dicha”, tal y como lo revela el siguiente testimonio: “Hoy comenzó mi periodo. Me siento débil y llorosa. El malestar sirve como recordatorio de mi fracaso y no como signo de feminidad y potencial de maternidad. Lo único que la menstruación significa para mí es que, una vez más, he fallado.” O este otro: “Siempre me han dicho que soy guapa. Me gusta cómo me veo y suelo sentir gran confianza en mí misma. Pero después de mi cirugía pélvica, el doctor me dijo que jamás había visto peor amasijo de adherencias en su vida. Ahora siento que soy fea por dentro y bonita por fuera. Con gusto aceptaría lo contrario si con eso pudiera tener un bebé.”

Publicado en BBC

 

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