Infertilidad: Qué esperar cuando toca esperar

Pruebas y más pruebas. A las personas les resulta en ocasiones complicado aceptar que no existe una explicación para lo que les pasa y la infertilidad no es una excepción. Las pruebas para buscar una razón por la que no llegan los hijos o no se responde a los tratamientos no siempre son concluyentes, según la evidencia científica. Hacemos un repaso por los tests más comunes a los que se somete una persona con problemas de infertilidad.

Según Eleuterio Hernández, fundador de la clínica FIV Madrid, el estudio tradicional básico “cubre el 90% de las pruebas que se realizan”. Las otras, las menos frecuentes, son para casos más especiales.

Si las personas que buscan tener un hijo con ayuda son parejas heterosexuales, la primera visita no irá más allá de un cuestionario, en el que, sobre todo, se verá si se cumplen los requisitos para estar allí: en el caso de que la mujer sea menor de 35 años, que la pareja lleve dos años manteniendo relaciones sexuales sin protección y sin lograr el embarazo; si se tiene más de 35 (“la gran mayoría de los pacientes en la actualidad”, puntualiza Hernández), el tiempo se reduce a uno.

La siguiente prueba que se hará, en caso de que se trate de una pareja heterosexual, va destinada al varón y es un seminograma. Lejos de invasiva, lo único que se requiere para esta prueba es que el hombre se masturbe y deposite su semen en un bote de análisis, que se le facilita a tal efecto. “Si tarda menos de 20 minutos en ir y volver, podrá traer la muestra desde casa; si no, la extracción habrá de ser en la clínica de reproducción asistida u hospital donde consulte sobre su infertilidad”, comenta Hernández.

En esa prueba, cuyos resultados se saben en apenas dos horas, se verá si es el varón el que está detrás de los problemas de infertilidad. El número de espermatozoides, así como su movilidad y motilidad, serán revelados bajo el microscopio. Además, con la misma muestra se hará un test adicional, la llamada prueba de recuperación espermática, que consiste en analizar el semen en un medio de cultivo. “Los más ‘listos’ suben a la superficie y podemos saber qué número de espermatozoides van realmente bien”, apunta el especialista en reproducción.

Si el resultado de la prueba es muy negativo es posible que se prescriba una biopsia testicular, a la que el varón acudirá en ayunas, ya que se requiere sedación para extraer un “trocito pequeño” de testículo. “Puede que esté molesto cuatro o cinco días, pero ya se sabe que los hombres somos muy quejicas”, bromea Hernández.

Lo que se evalúa en esta prueba es si existe una condición denominada ausencia de conductos deferentes o, en otras palabras, que los espermatozoides no puedan unirse al semen al eyacular. A esta biopsia solo tendrá que ir aproximadamente un 1% de los varones que consulta a un especialista en fertilidad.

Si el problema está en el varón

Según explica Hernández, si estas pruebas atribuyen al hombre el problema de la infertilidad ya se sabrá que la opción ideal es una fecundación in vitro o ICSI, la versión mejorada de esta técnica (en la que se seleccionan los mejores espermatozoides y, de uno en uno, se fecundan con los ovocitos de la mujer).

Mientras tanto, la mujer ni siquiera se ha tumbado en la camilla del especialista. Habrá de esperar al tercer día tras la llegada del periodo. En ese momento, será un simple análisis de sangre la prueba que se le efectuará. Tres hormonas ofrecen una valiosa información sobre el estado de la fertilidad de la mujer. Se trata de la FSH, la LH y el estradiol. “Con estos valores se sabe qué estimulación es necesaria para la fecundación in vitro”, resume el experto.

Pero ¿qué sucede si tanto esta prueba como las del varón están bien y, aún así, la pareja no logra tener hijos de forma natural? La siguiente prueba está destinada a la mujer y tiene el imposible nombre de histerosalpingografía. Se utiliza para estudiar la permeabilidad de las trompas. Efectuada por un radiólogo, consiste en introducir un contraste por vía vaginal y ver por imagen como se mueve por las trompas. El objetivo es ver si se puede hacer una inseminación artificial, la primera de las opciones de reproducción asistida, que cuenta con escasas posibilidades de éxito, entre el 18% y el 20% por intento. “Tiene muy poco éxito, pero es más económica y se suele intentar si se puede, aunque pienso que no se debe recomendar a mujeres mayores de 38 años”, señala el especialista de FIV Madrid.

Pasados entre dos y cuatro intentos de inseminación artificial sin éxito se pasará a la fecundación in vitro, con o sin ICSI. “No se hacen más pruebas para la FIV, en un principio”, apunta Hernández.

Semen de donante

Para la mujer que acude sola o con una pareja de su mismo sexo, y que ha de recurrir, por lo tanto, a inseminación o fecundación in vitro con semen de donante, las pruebas también son las mismas: medición de hormonas y permeabilidad.

Una vez decidido el tratamiento, se hará la primera ecografía, para observar la cantidad de folículos antrales. “Cuantos más mejor, aunque lo normal es que entre 38 y 40 años no sean más de cinco o seis; después, habrá que tener en cuenta también su calidad”. El especialista se queja de que mujeres mayores de esta edad se empeñan en hacerse fecundación in vitro cuando, a partir de los 40 años, las posibilidades de éxito suelen rondar el 5%. “La vida comienza a los 40, sí, pero sin folículos”, afirma con ironía.

Aquí se habrán acabado las pruebas médicas para la mayoría de los pacientes. Pero, según explica Hernández, existen otros tests “especiales”. Estos, advierte el experto, “no están muchas veces basados en la evidencia; aunque sirven para tener más información, ésta no se traduce ni en una mejora del diagnóstico ni del éxito de las terapias”.

En estas pruebas especiales se incluye, por ejemplo, análisis del cariotipo que, por unos 100 euros, intenta localizar aneuploidias en los embriones ya fecundados in vitro. Está especialmente indicada para mujeres que sufren abortos de repetición o no logran, por razones desconocidas, el éxito con la FIV.

Otras de estas pruebas buscan problemas de coagulación. “Se prescribe un análisis de sangre de hasta 15 variantes”, comenta Hernández quien señala que muchas veces son las propias pacientes las que piden esas pruebas, aunque no vayan a influir en un futuro éxito.

También están los estudios de implantación en el útero, con un coste de alrededor de 800 euros, en los que se incluye una biopsia y el análisis de los genes que se expresan cuando el endometrio se prepara para recibir al embrión. “No hay evidencia científica que apoye el uso de estas pruebas”, afirma el especialista, que resalta: “Del embrión sabemos aún muy poco”, concluye.

Ainhoa Iriberri| Madrid

Actualizado martes 02/04/2013

Publicado en El Mundo

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