Fer­ti­li­dad: ¿en verdad es ca­da vez más di­fí­cil con­ce­bir?

Hasta 15% de las parejas tienen problemas de fertilidad
En los úl­ti­mos tiem­pos se ha ins­ta­la­do en nues­tra so­cie­dad, a ni­vel mun­dial, una sen­sa­ción de su­pues­ta dis­mi­nu­ción de la fer­ti­li­dad de las mu­je­res o, di­cho de otro mo­do, la idea de que ha­bría un au­men­to en la can­ti­dad de ca­sos de mu­je­res que no pue­den lo­grar un em­ba­ra­zo por vías na­tu­ra­les.
De he­cho, se­gu­ra­men­te to­dos co­no­ce­mos a al­guien de nues­tro en­tor­no con pro­ble­mas pa­ra lo­grar el em­ba­ra­zo o a mu­je­res que lo han lo­gra­do, pe­ro des­pués de in­ten­tar­lo du­ran­te mu­cho tiem­po.
Pe­se a es­ta “sen­sa­ción”, una re­cien­te re­vi­sión his­tó­ri­ca en Es­ta­dos Uni­dos in­di­ca que en los úl­ti­mos años la ta­sa de fer­ti­li­dad no ha de­cli­na­do, si­no que se ha man­te­ni­do es­ta­ble; es­to vie­ne a rom­per un mi­to que pa­re­ce ya ha­ber­se ins­ta­la­do en­tre no­so­tros. De he­cho, es­ta es­ta­bi­li­dad en los ín­di­ces de fer­ti­li­dad co­rres­pon­dien­tes a ca­da edad, prác­ti­ca­men­te no ha de­cli­na­do en los úl­ti­mos 30 años.
Sin em­bar­go, se­gún es­te mis­mo es­tu­dio, lo que sí ha ocu­rri­do es que se ha in­cre­men­ta­do pro­gre­si­va­men­te la edad en la que las mu­je­res co­mien­zan a bus­car un em­ba­ra­zo; en otras pa­la­bras, se es­tá pos­ter­gan­do ca­da vez más la ma­ter­ni­dad y es­to ter­mi­na por com­pli­car las chan­ces de em­ba­ra­zo.
La pre­gun­ta que de­be­mos ha­cer­nos es por qué ca­da día hay más tra­ta­mien­tos, por qué ca­da vez más gen­te con­sul­ta al gi­ne­có­lo­go o es­pe­cia­lis­ta en re­pro­duc­ción. De­be­mos ha­cer­nos es­ta pre­gun­ta, ya no pen­san­do en que la in­fer­ti­li­dad se es­tá ha­cien­do ha­bi­tual, si­no en que la pos­ter­ga­ción de la ma­ter­ni­dad no ha­ce más que di­fi­cul­tar las po­si­bi­li­da­des de con­ce­bir, aun­que la mu­jer es­té per­fec­ta­men­te sa­na”
El fac­tor “edad”
Co­mo ani­ma­les que so­mos, te­ne­mos una edad ‘ideal’ pa­ra con­ce­bir, que es en­tre los 20 y los 24 años en la mu­jer. Es­te es el pi­co má­xi­mo de fer­ti­li­dad, que lue­go co­mien­za a de­cli­nar. Has­ta los 30 ó 32 años la dis­mi­nu­ción de fer­ti­li­dad es muy le­ve, es de­cir, que ca­si no se no­ta. En ge­ne­ral, la eta­pa más fér­til de la mu­jer es bas­tan­te am­plia. Pe­ro cuan­do se co­mien­za a bus­car un em­ba­ra­zo re­cién a los 32 años, las chan­ces se tor­nan ca­da vez más ba­jas. Vea­mos al­gu­nos nú­me­ros que gra­fi­can es­to:
– De los 25 a los 29 años, com­pa­ran­do con una mu­jer de 20 a 24 años, el ín­di­ce de fer­ti­li­dad es de un 4% a un 8% me­nos.
– De los 30 a los 34 años, el ín­di­ce de fer­ti­li­dad es de un 15% a un 19% más ba­jo.
– De los 35 a los 39, que hoy por hoy es la edad en que mu­chas mu­je­res bus­can em­ba­ra­zos, el ín­di­ce es de un 26% a un 46% más ba­jo.
– Y en­tre los 40 y 45 años es de un 95% más ba­jo.
Es de­cir que la res­pues­ta a es­ta idea de “ca­da vez ma­yor in­fer­ti­li­dad” es, en la prác­ti­ca, más so­cial que mé­di­ca. La mu­jer ca­da vez de­mo­ra más en bus­car hi­jos por­que, por ló­gi­cas ra­zo­nes, se de­di­ca a su ca­rre­ra, ha­ce es­pe­cia­li­za­cio­nes o mu­chas mu­je­res vi­ven so­las mu­cho tiem­po o con­vi­vien­do has­ta que de­ci­den su pa­re­ja de­fi­ni­ti­va. En­ton­ces, la mu­jer bus­ca em­ba­ra­zos a una edad más tar­día, por lo cual na­tu­ral­men­te hay me­nor fe­cun­di­dad y por eso cues­ta más em­ba­ra­zar­se.
Los 35 años: pun­to de in­fle­xión
Un es­tu­dio fran­cés que con­tó con más de dos mil mu­je­res so­las que bus­ca­ban em­ba­ra­zo y se so­me­tie­ron a in­se­mi­na­ción con se­men de do­nan­te, de­ve­ló que lue­go de 12 in­se­mi­na­cio­nes y un año de tra­ta­mien­to, un 73% de las mu­je­res de 25 años o me­nos que­da­ron em­ba­ra­za­das; y la ta­sa en mu­je­res de 26 a 30 años fue si­mi­lar, con un 74%.
Los em­ba­ra­zos en pa­cien­tes de 31 a 35 años lle­ga­ron a un 61%. En tan­to, las de 35 años y más al­can­za­ron un 54%. To­do es­to ha­ce en­ten­der que la fe­cun­di­dad dis­mi­nu­ye, apro­xi­ma­da­men­te, un 3,5% por año a par­tir de los 25 años.
A los 35 años ya hay una dis­mi­nu­ción im­por­tan­te de la fer­ti­li­dad en la mu­jer. La ex­pli­ca­ción es­tá en que és­ta na­ce con una de­ter­mi­na­da can­ti­dad de óvu­los y es­tos nun­ca más se di­vi­den, o sea, los óvu­los tie­nen la mis­ma edad que la mu­jer. Des­pués de los 35 años, la ca­pa­ci­dad del óvu­lo de fer­ti­li­zar­se es na­tu­ral­men­te me­nor. Des­pués de los 38 años hay un cam­bio im­por­tan­te, tie­ne que ver con la ca­pa­ci­dad ce­lu­lar de re­ge­ne­ra­ción. Des­pués de los 41 años la fer­ti­li­dad ba­ja mu­chí­si­mo por­que la edad na­tu­ral de la mu­jer pa­ra ser ma­dre ter­mi­na más o me­nos a los 41 a 44 años.
Otro da­to que no po­de­mos de­jar pa­sar es el de la ta­sa de abor­to es­pon­tá­neo. Se­gún la So­cie­dad Ame­ri­ca­na de Me­di­ci­na Re­pro­duc­ti­va, la ta­sa de abor­to en ci­clos de em­ba­ra­zos na­tu­ra­les es de 7% a 15% cuan­do la mu­jer es­tá por de­ba­jo de los 30 años; de 8% a 21% en­tre los 30 y 34 años; de 17% a 28% en­tre los 35 y 39 años y del 52% a los 40 años o más.
En re­su­men, cuan­do la edad de la mu­jer va au­men­tan­do y, es­pe­cial­men­te, des­pués de los 35 años, cues­ta más lo­grar un em­ba­ra­zo; y si di­cho em­ba­ra­zo se lo­gra, cues­ta más que el mis­mo que­de en su lu­gar y no se in­te­rrum­pa el pro­ce­so. ¿Por qué ocu­rre es­to? En pri­mer lu­gar, la cau­sa na­tu­ral es que hay me­nos óvu­los. En se­gun­do lu­gar, por­que los óvu­los, al ser de ma­yor edad, tie­nen me­ca­nis­mos ce­lu­la­res me­nos per­fec­tos pa­ra co­rre­gir los de­fec­tos que nor­mal­men­te ocu­rren en los em­brio­nes y es más fre­cuen­te que ha­ya em­brio­nes ge­né­ti­ca­men­te anor­ma­les. El abor­to es­pon­tá­neo apa­re­ce, en­ton­ces, co­mo un me­ca­nis­mo de pre­ser­va­ción de la es­pe­cie (no ne­ce­sa­ria­men­te es una en­fer­me­dad)”.
La edad en los hom­bres  
En lo que res­pec­ta al hom­bre, su edad es mu­cho me­nos de­ter­mi­nan­te en es­te te­ma. La mu­jer ovu­la efec­ti­va­men­te un buen óvu­lo por ci­clo, mien­tras que el hom­bre eya­cu­la mi­llo­nes de es­per­ma­to­zoi­des por vez. Sin em­bar­go, es­tá de­mos­tra­do que en el hom­bre tam­bién de­cli­na la fer­ti­li­dad con la edad.
Así co­mo con la edad au­men­ta en la mu­jer el ries­go de abor­to es­pon­tá­neo, de sín­dro­me de down o pa­to­lo­gías si­mi­la­res, con el hom­bre tam­bién ocu­rre es­to.
Des­pués de los 38 años, el ries­go de pro­ble­mas ge­né­ti­cos en la des­cen­den­cia es más im­por­tan­te. En el hom­bre se no­ta me­nos por­que hay mi­llo­nes de es­per­ma­to­zoi­des y por tan­to la se­lec­ción siem­pre es “más fá­cil” por­que hay mi­llo­nes en­tre los cua­les ele­gir. Por más que sean es­per­ma­to­zoi­des que se ven bien y sue­len fer­ti­li­zar al óvu­lo, sue­len te­ner más ano­ma­lías ge­né­ti­cas pro­pias de la edad. Es­to sue­le dar co­mo re­sul­ta­do em­brio­nes con una car­ga ge­né­ti­ca me­nos per­fec­ta.
Cuán­do ha­cer una con­sul­ta
El per­fil ha­bi­tual de la pa­cien­te que lle­ga al con­sul­to­rio en bus­ca de ayu­da pro­fe­sio­nal pa­ra po­der lo­grar un em­ba­ra­zo es una pa­cien­te de en­tre 33 y 40 años (ha­bi­tual­men­te el pro­me­dio es de 35 años), que lle­va en­tre un año y me­dio o dos tra­tan­do de que­dar em­ba­ra­za­da.
Cier­tas alar­mas pa­ra te­ner en cuen­ta pa­ra agi­li­zar el te­ma de una con­sul­ta:
1. La edad es una de las pri­me­ras va­ria­bles.
2. Sal­vo la en­do­me­trio­sis, que es ca­si la úni­ca pa­to­lo­gía que da sín­to­mas, el res­to no da sín­to­mas. Por eso una pa­re­ja que tie­ne la preo­cu­pa­ción so­bre su fer­ti­li­dad, lo que tie­ne que ha­cer es es­tu­diar­la. Al sa­ber en qué te­rri­to­rio se es­tá, uno pue­de es­pe­rar o no te­ner éxi­to, de­pen­dien­do del ca­so y de la edad que ten­ga la pa­cien­te.
¿Quié­nes de­be­rían acu­dir a una con­sul­ta tem­pra­na?
1. Pa­cien­tes que ten­gan una pa­re­ja nue­va y que ha­yan te­ni­do in­fer­ti­li­dad con una pa­re­ja an­te­rior.
2. Pa­cien­tes con an­te­ce­den­tes de pa­to­lo­gías que pue­dan com­pro­me­ter la fer­ti­li­dad: ci­ru­gía por en­do­me­trio­sis, in­fec­ción pel­via­na.
3. Hom­bres que tra­ba­jen con agro­quí­mi­cos o que ha­yan te­ni­do pa­pe­ras con in­fla­ma­ción tes­ti­cu­lar.
La ra­zón nú­me­ro uno por la cual la gen­te se ani­ma ca­da vez más a ve­nir al con­sul­to­rio es so­cial. Pri­me­ro, a ma­yor edad pa­ra bus­car un em­ba­ra­zo, hay ma­yor can­ti­dad de pro­ble­mas, por lo tan­to ma­yor can­ti­dad de con­sul­tas. Y hoy, una pa­re­ja que ha­ce seis me­ses que no lo­gra em­ba­ra­zo, no me con­sul­ta des­pués de tres años de in­ten­tar. Tam­bién vie­nen pa­re­jas con 37 ó 38 años que lle­van só­lo cua­tro me­ses bus­can­do y quie­ren sa­ber si es­tá to­do bien.
La gen­te ya tie­ne la aler­ta en la ca­be­za, exis­te más con­cien­cia de que po­ten­cial­men­te po­dría­mos te­ner un pro­ble­ma y la edad pa­ra bus­car em­ba­ra­zo au­men­ta. Eso, na­tu­ral­men­te, ge­ne­ra más con­sul­tas.
El tra­ta­mien­to no es un “com­bo” pa­ra to­do el mun­do; se rea­li­za a me­di­da del pro­ble­ma de ca­da pa­re­ja.
Por ejem­plo: a una pa­cien­te de 34 años, pe­ro que tie­ne un an­te­ce­den­te de una ci­ru­gía de en­do­me­trio­sis y es­tá in­ten­tan­do con su pa­re­ja que­dar em­ba­ra­za­da des­de ha­ce un año, no la voy a acon­se­jar de la mis­ma ma­ne­ra que a una pa­cien­te sin an­te­ce­den­tes. Los tiem­pos son más cor­tos, ten­go que ser un po­co más ex­pe­di­ti­vo y no ha­cer­le per­der el tiem­po a la pa­cien­te.
En pa­re­jas que son los dos sa­nos, no hay una pa­to­lo­gía de­mos­tra­ble y es­tán pro­ban­do ha­ce seis me­ses, se pue­de es­pe­rar un tiem­po más. Pe­ro si una pa­cien­te es­tá bus­can­do ha­ce más de tres años y no lo­gró con­ce­bir, pro­ba­ble­men­te ha­ya una cau­sa de­mos­tra­ble.
No hay una edad mí­ni­ma pa­ra re­co­men­dar la fer­ti­li­za­ción asis­ti­da. Si una chi­ca jo­ven lle­va más de cua­tro años sin lo­grar un em­ba­ra­zo, sig­ni­fi­ca que hay al­gún pro­ble­ma. De­pen­de de la du­ra­ción de la in­fer­ti­li­dad y de la edad de la pa­cien­te.
Las mu­je­res con me­nos de 35 años son las que me­jo­res re­sul­ta­dos tie­nen en ge­ne­ral, siem­pre y cuan­do no ha­ya fac­to­res se­ve­ros de otra ín­do­le. Y en los hom­bres, lo ideal es cuan­do no son ma­yo­res de 42 años.
En las pa­cien­tes más jó­ve­nes: coi­to pro­gra­ma­do, es­ti­mu­la­ción de la ovu­la­ción, o in­se­mi­na­cio­nes in­trau­te­ri­nas.
En pa­cien­tes de edad más avan­za­da: se sue­le ini­ciar con in­se­mi­na­cio­nes in­trau­te­ri­nas o, si hay un tiem­po con­si­de­ra­ble de in­fer­ti­li­dad y al­gún fac­tor de cier­to ries­go de mal pro­nós­ti­co, re­quie­re de al­ta com­ple­ji­dad, es de­cir, fer­ti­li­za­ción in vi­tro.
La fun­ción del mé­di­co no es de­ter­mi­nar qué tra­ta­mien­to va a ha­cer o no el pa­cien­te. Nues­tra fun­ción es de­cir en qué te­rre­no o si­tua­ción es­ta­mos y qué es lo me­jor pa­ra ha­cer, pe­ro a ve­ces el pa­cien­te de­ci­de lo con­tra­rio y es res­pe­ta­ble. Eso es con­sen­ti­mien­to in­for­ma­do.
19 de marzo de 2013
Dr. Fernando Beltramone 
MP 22.205 – ME 9.064
Especialista en Ginecología y Obstetricia, Medicina Reproductiva y Cirugía Video Asistida

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