El aumento en el uso de la FIV en parejas sin patologías obliga a investigar sus riesgos

Ben W. Mol, catedrático de Salud Reproductiva en Australia. (DM)
Ben W. Mol, catedrático de Salud Reproductiva en Australia. (DM)
Ben W. Mol, catedrático de Salud Reproductiva en Australia. (DM)

La fecundación in vitro se está aplicando en casos de subfertilidad masculina moderada, endometriosis y subfertilidad y a finales de 2013 se estimaba en más de cinco millones el número de niños nacidos mediante FIV.

G.E. Madrid   |  05/02/2014 18:19

La fecundación in vitro fue desarrollada en 1978 para sortear problemas tubáricos en la mujer, pero treinta y seis años después se está aplicando en casos de subfertilidad masculina moderada, endometriosis y subfertilidad de origen desconocido.

Esta evolución podría estar llevando a un sobretratamiento de parejas que tienen probabilidades razonables de concebir naturalmente y plantea serias dudas sobre si está justificado asumir el riesgo de efectos adversos que la FIV tiene para el niño. Así lo plantean Ben W. Mol, catedrático de la Facultad de Pediatría y Salud Reproductiva de la Universidad de Adelaida, en Australia, y otros cuatro expertos en reproducción asistida en el British Medical Journal.

A finales de 2013 se estimaba en más de cinco millones el número de niños nacidos mediante FIV. En los países desarrollados con sistemas públicos de salud suponen entre el 2 y el 3 por ciento de los nacimientos anuales, alcanzando el 5 por ciento en Dinamarca y Bélgica.

Aumenta la demanda

El número de ciclos de FIV en Estados Unidos ha pasado de 90.000 en el año 2000 a 150.000 en 2010, pero la proporción de trastornos tubáricos como indicación ha caído del 25 por ciento al 16 por ciento. En el Reino Unido la proporción de ciclos asociados a problemas tubáricos ha caído del 19 por ciento al 12 por ciento, entre 2000 y 2011, pero las cifras de ciclos en subfertilidad no explicada han pasado de 2.204 a 19.552.

Sin embargo, al menos cinco estudios revelan que aunque la subfertilidad no explicada aporta ya entre el 25 por ciento y el 30 por ciento de las parejas que acuden a las clínicas de reproducción asistida, entre el 60 por ciento y el 70 por ciento de las que intentan tener hijos naturalmente durante dos años acaban concibiendo en un plazo adicional que oscila entre los seis meses y el año. De hecho, se ha documentado que “la FIV no es coste-efectiva en mujeres jóvenes sin causa aparente de infertilidad que lleven menos de tres años intentando concebir naturalmente”. Pese a la importancia de este factor, los registros oficiales de fertilidad en países como Suecia, Australia, Bélgica, Canadá o Estados Unidos no recogen datos sobre la duración de la infertilidad.

Riesgos

“Hacen falta estudios para determinar la seguridad de las nuevas indicaciones de la FIV e informar a los pacientes”, afirman Mol y sus colegas. Y es que la intervención clínica para concebir comporta mayor riesgo de embarazo múltiple y complicaciones perinatales como la diabetes gestacional, menor crecimiento del feto, preeclampsia y nacimiento prematuro. Incluso los nacidos únicos presentan peores resultados de salud a largo plazo que los concebidos naturalmente.

Obligación moral

“Es necesario, pues, evaluar la extensión de la FIV a estas nuevas indicaciones. Pacientes e investigadores tienen una prevención natural a incluir un grupo de no intervención en los estudios randomizados de FIV, pero sin ellos existe el riesgo de que el equilibrio entre beneficio y daño se rompa. Hay una clara escasez de evidencia de alta calidad sobre quién debe someterse a esta técnica y cuándo debe aplicarse. Se la debemos a todas las parejas subfértiles y sus futuros hijos: que puedan usar la FIV con juicio, asegurando que lo que primero que hagamos sea no dañar”, concluyen los autores.

Publicado en Herencia Genética y Enfermedad

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