‘Dono semen por motivos económicos y por curiosidad’

Muestras de esperma en un tanque de nitrógeno.| Gonzalo Arroyo
  • Samuel tiene 21 años y es estudiante de un grado superior de telecomunicaciones
  • En unos meses, habrá ayudado hasta a seis parejas a tener descendencia

Se llama Samuel y no pide utilizar nombre ficticio porque “no sabe cómo van estas cosas”, aunque prefiere no especificar el apellido. Tiene 21 años y está estudiando un grado superior de telecomunicaciones. En unos meses, además, habrá ayudado hasta a seis parejas o mujeres solteras a cumplir el anhelado sueño de tener un hijo. El límite de seis niños nacidos vivos es el que establece la legislación española para evitar problemas de consanguineidad (por ejemplo que, en un futuro, dos descendientes biológicos de Samuel tengan descendencia entre ellos sin saberlo).

Samuel es sincero a la hora de responder si se metió en esto por generosidad, por ayudar a personas que no pueden tener hijos. La realidad es que no o, al menos, no fue su motivación principal para donar semen. “Lo hago por motivos económicos y por curiosidad”, explica por teléfono.

Reconoce que no tenía ni idea de esta posibilidad hasta que un amigo le habló de ella. La conversación versaba sobre economía y cómo conseguir “un dinerillo” de forma compatible con los estudios. El amigo le propuso hacerse donante de semen, algo que él ya hacía en el centro IVI Madrid. La propuesta no fue del todo desinteresada. Según explica Samuel, por cada nuevo donante idóneo que se consigue, el centro abona 120 euros al que lo ha presentado.

No es fácil, ya que solo entre un 5% y un 10% de las personas que se interesan por esta posibilidad cumple los requisitos de idoneidad para ser donante, como sucedió con Samuel. Él, a su vez, también ha intentado convencer a amigos. De los “cinco o seis” a los que ha animado a acercarse al centro, solo uno ha obtenido el ‘apto’, lo que dice mucho de los exigentes requisitos del semen que se utilizan en los centros de reproducción asistida.

Aunque el ayudar a otras personas no ha sido la principal motivación de Samuel –al que le quedan muy pocas visitas para acabar los seis meses de tiempo para realizar de 24 a 30 donaciones, una por semana, a los que se ha comprometido para garantizar el máximo de seis niños nacidos vivos- sí lo es a la hora de desechar pensamientos conflictivos sobre las consecuencias de lo que hace. “No le veo sentido a preocuparse por tener descendientes biológicos sin conocerlos; si se puede ayudar a alguien y encima obteniendo algo a cambio ¿por qué no hacerlo?”, reflexiona este joven que, sin embargo, reconoce que a muchos de los amigos con quien lo ha comentado ese sí es un asunto que les preocupa.

Respecto a las donaciones en sí, Samuel reconoce que “da un poco de palo” la primera vez que se acude al centro a hacer la extracción, por ser “un sitio extraño, con el que no estás familiarizado”. Sin embargo, poco a poco uno se acostumbra, confirma.

Tampoco le cuesta en exceso los tres días de abstinencia que exige el centro antes de cada donación de semen. “Lo que yo hago es pedir cita un miércoles o jueves, ya que no veo a mi novia entre semana”, comenta. La chica de Samuel es consciente de cómo su novio consigue esos euros (50 semanales) extra, al contrario de su familia, con quien no lo ha comentado. “Mi novia lo sabe, no está en contra, pero tampoco a favor”, comenta.

Respecto a la posibilidad de aprovechar esta entrevista para convencer a posibles donantes, Samuel lo tiene claro: “Hay gente convencible y gente que no, por mucho que les digas”, concluye.

Ainhoa Iriberri

Fuente: El Mundo

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