Cuando la infertilidad viene por otra enfermedad

Los expertos en fertilidad no se cansan de repetir que la infertilidad es una enfermedad. Sin embargo, aunque esta definición no se discute, en ocasiones se trata de un trastorno provocado por otra patología. En esos casos, la visita al especialista en reproducción asistida se debe adelantar a las recomendaciones oficiales avaladas por la Organización Mundial de la Salud: 12 meses de relaciones sexuales sin protección sin conseguir el embarazo.

La primera patología asociada a la infertilidad es la endometriosis, una enfermedad que se produce cuando el tejido que recubre el interior del útero crece fuera de éste, habitualmente en la cavidad peritoneal. Esto produce adherencias, que no sólo causan dolores a la mujer, sino que también influye negativamente en su capacidad para tener hijos. Entre un 30% y un 40% de las pacientes de endometriosis son infértiles, lo que hace de esta patología una de las tres causas principales de infertilidad en la mujer.

Según explica el jefe de la Unidad de Reproducción Humana del Hospital de Cruces de Bilbao, Roberto Matorras, la paradoja reside en que, aunque existen tratamientos para esta enfermedad, “buena parte no son buenos para la fertilidad. La terapia típica consiste en frenar la función del ovario, lo que se consigue con anticonceptivos que, obviamente, impiden la reproducción”, comenta este experto.

Aunque la cirugía (para retirar las adherencias) puede ayudar, Matorras señala que buena parte de las afectadas acaban recurriendo a las terapias de reproducción asistida (TRA). “Es una enfermedad que va por grados; la que lo padecen en los grados 3 y 4 acaban acudiendo a TRA en el 90% de los casos”.

La segunda patología que está directamente asociada a las dificultades para tener hijos es la enfermedad inflamatoria pélvica, la denominación general de la patología infecciosa, producida por microbios o bacterias, que puede hacer que las trompas se obstruyan o se estrechen, lo que hace más difícil conseguir un embarazo. Se trata de una consecuencia común de algunas enfermedades de transmisión sexual (ETS) cuya, incidencia, según Matorras, “ha disminuido desde que se ha generalizado el uso del preservativo”.

Un problema añadido a esta patología es que se suele diagnosticar tarde ya que, aunque se inicia con un cuadro agudo, que incluye fiebre, se trata de síntomas inespecíficos que pasan desapercibidos. En el caso de que se descubra a tiempo, comenta Matorras, “es importante que el tratamiento – a base de distintos tipos de antibióticos- sea enérgico, para que no queden secuelas”. Cuando no se logra localizar a tiempo, las TRA son la única opción. “Para ellas se ideó la fecundación in vitro (FIV)”, recuerda el especialista bilbaíno, también colaborador en el Instituto Valenciano de Infertilidad de Bilbao.

Otros trastornos asociados a la infertilidad son los propios de la regla. Cuando los ciclos se espacian regularmente más de 40 días, se debe sospechar una dificultad para la gestación. Un caso similar es el síndrome de ovario poliquístico, también muy asociado al sobrepeso y al aumento de vello corporal. Precisamente los “pesos extremos”, tanto los que provocan obesidad como los asociados a la anorexia, también se asocian a la infertilidad aunque, en este caso, no siempre requiere adelantar la visita al especialista en reproducción asistida. “En ocasiones a una mujer con sobrepeso y aparentes problemas de fertilidad se le plantea adelgazar, aunque sea ligeramente, y volver a intentarlo de forma natural”, apunta Matorras, que considera que “tampoco hay un corte perfecto” en cuanto a las cifras de peso asociadas a este problema.

También los varones

También los varones pueden padecer infertilidad secundaria a otras patologías. Es el caso de la parotiditis (que no es otra cosa que el nombre científico de las paperas) con afectación a los testículos. “Los que recuerden haber tenido los testículos inflamados mientras padecían la enfermedad pueden acudir al especialista en reproducción a los seis meses en lugar de al año”, comenta Matorras.

También la diabetes puede causar problemas de infertilidad pero, tal y como destaca el especialista, “sólo si está en fase avanzada y mal controlada”, por lo que, en casos normales no es recomendable adelantar la visita al facultativo.

Las infecciones genitales masculinas pueden ser un indicador, aunque no seguro, de infertilidad. También se ha hablado de una posible influencia de la enfermedad celiaca, que Matorras discute. “Desde luego, mucho no influye. No está nada claro”. Los trastornos de la glándula tiroides, estos de nuevo en la mujer, podrían descompensar y alterar el ciclo menstrual, pero tampoco “han de alarmar” a quienes los padecen.

Capítulo aparte merecen los que padecen ciertos trastornos cromosómicos, que habrá de recurrir a las TRA con diagnóstico genético preimplantacional o, según la enfermedad, a donación de ovocitos o espermatozoides.

Ainhoa Iriberri | Madrid – El País

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