Cómo meter en agenda un embarazo

Gema tiene 50 años y es profesora en un colegio de Educación Especial de la Comunidad de Madrid. Sus hijos, que ahora tienen 19, 16 y 12 años, nacieron justo cuando ella quería. Sacó el calendario en las tres ocasiones en las que buscó un embarazo y según explica, “fueron tres de tres”. Es decir, donde ella y su marido pusieron la intención, el predictor dijo “sí”. Sin intentos fallidos, sin frustraciones. Sus vástagos nacieron entre febrero y marzo, lo justo para unir la baja por maternidad de 16 semanas a las vacaciones de los docentes.

De este modo, Gema se incorporó al trabajo con los bebés un poco más crecidos. Los planes (los tres) salieron perfectos. Es lo que se conoce como embarazo pedagógico, por el predicamento que esta planificación tiene entre los profesores. “Siempre he sido de reglas muy regulares y sabía cuándo ovulaba. Imagino que por eso me ha resultado tan fácil”, explica. Sin embargo, para el común de los mortales, una cosa es pretenderlo y, otra muy distinta, lograrlo.

SEXO: DOS O TRES VECES

Lo normal cuando se desea un embarazo, además de mantener relaciones sexuales dos o tres veces a la semana, es acudir al médico e iniciar la ingesta de yodo y ácido fólico. El primero es necesario en la síntesis de las hormonas tiroideas y durante la gestación se precisa un aporte suplementario al que proviene de la dieta, sobre todo de pescados y sal yodada. El ácido fólico, por su parte, previene malformaciones en el sistema nervioso central, como la espina bífida. También puede evitar que el bebé padezca cardiopatías congénitas y labio leporino o fisura del paladar.

Los hábitos de vida saludable son otros ‘must’ cuando se busca un embarazo. En esta lista están los clásicos no fumar, no tomar alcohol, comer más fruta y verdura, evitar los azúcares y las grasas, hacer ejercicio moderado, reducir la cafeína y cuidar el peso; pero también otras recomendaciones más desconocidas, como dejar para otro momento los tatuajes y los piercings, para evitar posibles complicaciones como infecciones, alergias, etc.

NO ES INFERTILIDAD

Cuando una planificación milimétrica no da los frutos deseados casi de inmediato, pueden surgir los agobios. En la búsqueda de un embarazo, dos más dos no siempre son cuatro. “Hay parejas que lo retrasan por cuestiones laborales y a partir de los 35 años la fertilidad de una mujer baja. Entonces, vienen a la clínica, pero no constituyen un caso de infertilidad real”, dice el doctor Javier Domingo, director en Las Palmas de la clínica IVI, grupo especializado en reproducción asistida. “No es común que planifiquen tanto como para acudir directamente a nosotros, pero cuando vienen, ya de paso, eligen fecha”. Los motivos, según dice el doctor, pueden ser de trabajo, pero también con el objetivo de buscar momentos con menos estrés para el embarazo.

Otra de las maneras de agendar la maternidad es la congelación de óvulos: “Esta práctica es lo más frecuente hoy día. Suelen ser mujeres de entre 35 y 40 años, profesionales y con estudios superiores, que buscan sobre todo retrasar la decisión de ser madres”, explica Domingo.

LOS ‘GADGETS’

Pero también hay modos menos rotundos de planificar este momento. Existen aplicaciones, dispositivos y ‘wearables’ para ayudar a las parejas a dar con el día D, ese momento en el que la fecundación es propicia. Hay, por ejemplo, minimicroscopios que monitorizan la ovulación a través de la saliva. Algunos no abultan más que un pintalabios, son reutilizables y pueden durar hasta un par de años. Cuando se produce la ovulación, la alteración hormonal es visible en la saliva y dibuja unos característicos helechos que se aprecian con claridad a través de la lente.

Existen otros dispositivos, parecidos a los test de embarazo, que se basan también en el aumento de la hormona luteinizante, desencadenante de la ovulación. Se usan con orina y, si es el momento adecuado, señalan los días fértiles de la mujer. En esta línea, también están los test en tiras, más económicos pero de funcionamiento parecido.

En internet hay muchas calculadoras de ovulación que ofrecen al usuario los mejores días para concebir. Sólo hay que introducir el primer día de la última regla y la duración del ciclo y predice el día de ovulación. Se trata de una estimación y este método sirve a mujeres con menstruaciones regulares.

La industria de los ‘wearables’ también ha entrado en este negocio. Existen pulseras inteligentes que se sincronizan con una aplicación. Recogen datos de la usuaria durante su sueño e informan de los días con baja, media y alta fertilidad. Otros gadgets, tipo anillo, se insertan directamente en la vagina, como un tampón y, a través de un sensor, monitorizan la temperatura corporal durante el ciclo, para determinar el día de ovulación incluso con reglas irregulares. Por lo general, sólo se extraen durante la menstruación (no interfiere en las relaciones sexuales), momento en el que se procesan los datos a través de una web.

OJO CON EL ESTRÉS

“La mayoría de estos instrumentos sólo sirve para saber cuándo tienes que hacerte la prueba de embarazo, sobre todo si no tienes reglas regulares”, aclara Ana Gaitero, directora de la Unidad de Reproducción de Sanitas en Milenium Alcobendas. Pero advierte de que a veces se pierde más de lo que se gana: “En la mayoría de los casos estas aplicaciones añaden estrés a las parejas porque quita espontaneidad a las relaciones sexuales”. “Ellos, sobre todo, se estresan mucho, aunque no lo cuentan”, añade. Más que obsesionarse con contar los días del ciclo menstrual, calcular los días fértiles con pruebas de ovulación y engancharse a las apps, la doctora recomienda relajarse: “El 85% de las parejas se embarazan antes de un año, pero estamos acostumbrados a la inmediatez, a medirlo todo, y hay muchas cosas que no son tan controlables”, explica la doctora. De todos modos, precisa, si la mujer supera los 35 años y lleva buscando un embarazo sin éxito durante seis meses, recomienda ir al ginecólogo “por si acaso”.

La tecnología es una herramienta en la que muchos buscan refugio. Ana Kovacs, psicóloga perinatal, explica: “Conseguir un embarazo despierta angustia y miedo, que mitigamos ejerciendo control. Las apps y similares alimentan esta necesidad de controlarlo todo y también la fantasía de que podemos lograr lo que queramos. El problema viene cuando la realidad nos devuelve otra cara”, añade.

Si eso sucede, la relación de pareja puede verse muy afectada: “Se cosifica la concepción y se aleja del deseo, porque la prioridad es conseguir el embarazo. También aumenta la ansiedad porque se ponen en duda nuestras capacidades”, continúa. Por eso, por el desgaste que puede suponer esta búsqueda, Kovacs recomienda buscar espacios para hablar en pareja durante todas las etapas del proceso, que suele estar demasiado mecanizado y pautado por agentes externos. “Es necesario compartir la ansiedad y la incertidumbre con el otro. Sólo así es posible caminar juntos y ser menos exigentes”, añade. Además, hay veces que el recorrido es largo y hay que «ir aceptando duelos, como que el óvulo o el espermatozoide sean de otros». “Sólo si lo hablamos, podemos expresar hasta dónde estamos dispuestos a llegar y prepararnos, llegado el momento”, concluye.

Fuente: elmundo.es

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