Clonación terapéutica

17 MAY 2013 – 00:06 CET

Quince años después del nacimiento de la ovejita Dolly,uno de los hitos de la investigación biológica, la misma técnica, aunque mejorada, ha podido ser aplicada con éxito para obtener un embrión humano. El hecho de que en 2004 el coreano Hwang Woo-suk se atribuyera falsamente haberlo conseguido, en un fraude científico sin precedentes, ha impuesto ahora prudencia en la interpretación del descubrimiento, pero no hay duda de que se trata de un logro de la biología y un salto enorme en el desarrollo de la medicina regenerativa.

La técnica consiste en introducir el material genético de una célula somática de un adulto en un óvulo previamente vaciado de su núcleo. Al inducir su desarrollo, se obtiene un embrión que, de implantarse en un útero femenino, daría lugar hipotéticamente a un ser idéntico al adulto del que se ha extraído el material genético. Pero esa es una posibilidad que todavía forma parte de la ciencia ficción y en ese mundo debe continuar: hay que recordar que está prohibido utilizar la clonación con fines reproductivos. Pero además, la técnica no ha avanzado lo suficiente como para asegurar que se pudiera gestar ese ser humano clonado. El mismo equipo que ha conseguido este avance consiguió ya en 2007 aplicar la transferencia nuclear en macacos, pero en cinco años de intentos, apenas ha conseguido un embarazo y acabó en aborto.

Lo que se ha logrado, y eso es lo relevante, es crear un embrión y hacerlo crecer hasta la fase de blastocisto (cinco o seis días), para obtener en ese punto células madre embrionarias que, cultivadas en laboratorio, podrían generar cualquier tejido del cuerpo. Se abre, por tanto, una nueva posibilidad para intentar crear órganos para trasplante o para reparar tejidos dañados. Al tener la misma carga genética del paciente, estos tejidos no provocarían rechazo. Hay que seguir avanzando por ese prometedor camino, sin olvidar que entre la ovejita Dolly y este gran salto se había producido otro avance, la reprogramación celular, que permite avanzar en la misma dirección. Esta técnica hace retroceder una célula adulta hasta estadios en los que se comporta como embrionaria, es decir, capaz de diferenciarse de nuevo y formar diferentes tejidos. Aunque también hay problemas no resueltos, ofrece la ventaja de que evita tener que crear embriones y, por tanto, tampoco requiere la donación de óvulos. Se trata en cualquier caso de vías muy esperanzadoras para la medicina por las que hay que seguir apostando.

Publicado en El País

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