25 años de embriones en la nevera

El 21 de julio de 1987 nació en Barcelona el primer bebé español procedente de un embrión congelado. Veinticinco años después, España se sitúa entre los países más punteros en reproducción asistida, 3 de cada 100 niños españoles nacen gracias a ella.

Alejandro Alguera Viñas, el primer bebé español procedente de un embrión congelado, nació a las diez menos diez de la noche del 21 de julio de 1987, en el Institut Dexeus de Barcelona. Pesó 2,3 kilos.

Su madre, Dolores Viñas, carecía de trompas de falopio, por lo que no podía tener hijos si no se sometía a técnicas de fecundación in vitro. Se le extrajeron ocho óvulos; seis fueron fecundados y, de ellos, se le transfirieron cuatro.

El primer intento terminó en fracaso, por lo que, tres meses después, los profesionales del Institut Dexeus decidieron implantar a la paciente los dos embriones que aún permanecían congelados. Treinta y ocho semanas después, nació Alejandro.

Desde entonces, las técnicas de reproducción asistida “han evolucionado bastante”, según ha explicado a Servimedia Dolores Lozano, embrióloga de la Unidad de Genética, Reproducción y Medicina Fetal del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Para la congelación de embriones, en concreto, se ha pasado de la “congelación lenta” a la vitrificación, un procedimiento basado en una congelación ultrarrápida que “ha revolucionado la preservación de embriones”.

Según esta experta, las posibilidades de conseguir un embarazo mediante la congelación lenta de embriones ronda el 20 por ciento de los casos. Con la vitrificación, “las tasas de éxito mejoran bastante, incluso hasta duplicarse”.

Además, esta novedosa técnica eleva las tasas de supervivencia del embrión tras el proceso de congelación y descongelación al que es sometido. Según Francisco González, presidente del Comité Científico de la Asociación Nacional de Clínicas de Reproducción Asistida (Anacer), la tasa de supervivencia del embrión se sitúa en torno al 97 por ciento con la vitrificación, frente al 30-50 por ciento que ofrece la congelación lenta.

¿QUIÉN SE SOMETE A ESTAS TÉCNICAS?

La reproducción asistida se aplica habitualmente a parejas que, tras un año intentando concebir, no lo consiguen (la infertilidad afecta al 15 por ciento de las parejas en edad reproductiva de nuestro país).

“Se considera que son, en principio, estériles, y se recurre a la reproducción asistida”, nos cuenta la doctora Lozano. La política del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, centro en el que trabaja, obliga a sus profesionales a no transferir más de dos embriones en un solo ciclo (para evitar embarazos múltiples), aunque la ley permite implantar hasta tres embriones en un mismo ciclo.

“Cuando se transfieren esos embriones y quedan embriones sobrantes, los congelamos para intentos posteriores. Si la mujer se quedara embarazada, podría recurrir a ellos en un futuro para aumentar su familia. Mientras la pareja no diga lo contrario, esos embriones les seguirán perteneciendo”, añade Dolores Lozano.

TRES DE CADA CIEN NIÑOS

Según el ‘Libro blanco sociosanitario sobre la infertilidad en España’, elaborado por la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), 3 de cada 100 niños españoles nacen ya mediante técnicas de reproducción asistida.

Esto supone que en nuestro país nacen cada año unos 7.000 niños gracias a estas técnicas. De ellos, entre el 10 y el 15 por ciento proceden de embriones criopreservados.

¿QUÉ DICE LA LEY?

Según la Ley de Reproducción Asistida, las parejas pueden conservar sus embriones congelados hasta el fin de la etapa reproductiva de la mujer o, lo que es lo mismo, hasta el comienzo de la menopausia. “Ése es el tiempo en el que, por ley, la mujer puede mantener congelados su embriones, y puede venir a por ellos cuando quiera”, reitera Lozano.

En ese periodo de tiempo (que puede alcanzar varias décadas), las parejas tienen que renovar periódicamente su decisión “sobre qué quieren seguir haciendo con sus embriones”. Si no los quieren conservar para uso propio, pueden elegir otras opciones: Donarlos a proyectos de investigación o a otras parejas. La última opción es el cese de la conservación.

Además, la ley marca otras condiciones. Los centros públicos, por ejemplo, no cubren ciertas prestaciones a las que sí se puede optar en un centro privado, como la congelación de ovocitos por motivos sociales (como retrasar la edad de maternidad por motivos laborales). En los centros públicos solo se puede acceder a estas técnicas por razones médicas.

¿HAY DIFERENCIAS ENTRE LOS CENTROS PÚBLICOS Y PRIVADOS?

La embrióloga Dolores Lozano asegura que la calidad de los procedimientos y los recursos disponibles para aplicar las técnicas de reproducción asistida “son muy similares” entre los centros públicos y los privados. “A nivel asistencial”, reconoce que hay diferencias en la población atendida, porque “los públicos atienden a la población en general y, los privados, a quien se lo pueda permitir”.

En cuanto a los costes, Francisco González, de Anacer, ha explicado a Servimedia que el precio de cada tratamiento “varía según la técnica empleada”, y oscila entre los 400-500 euros por Ciclo de Inseminación Conyugal y los 5.000-6.000 euros por Ciclo de Donación de Óvulos. Los costes de medicación se sitúan entre los 800 y los 900 euros, dependiendo de los casos.

Antonio Requena, director médico del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI), considera que, “en general, en España se ofrece una medicina reproductiva de calidad”. Sin embargo, cree que “existen mejores tasas de embarazo en los centros privados”.

RETOS DE FUTURO

Dolores Lozano, del Hospital Virgen del Rocío, confía en que estas técnicas avancen hacia la transferencia de un único embrión, sin que se vean mermadas las posibilidades de éxito.

“Es un tema que se está estudiando muchísimo. A medida que se van conociendo los indicadores que orientan sobre la calidad de los embriones, lo que se intenta es no transferir más de uno. Así, evitaríamos todos los embarazos múltiples: No solo los de tres fetos, también los de dos”, añade.

Además, esta doctora señala que “se están dando muchísimos avances” en el ámbito de la genética, en el marco de los programas de diagnóstico genético preimplantatorio. En los últimos años, el Hospital Virgen del Rocío ha conseguido que nazcan dos bebés libres de enfermedades genéticas hereditarias para curar a hermanos enfermos.

En el IVI, por su parte, trabajan para “conocer mejor al embrión, con el fin de seleccionar aquellos con alta capacidad de implantación”, y para “detectar enfermedades hereditarias en los embriones, descartar los enfermos y transferir solo los sanos”.

“Los progresos tecnológicos y el aumento de la demanda serán las claves del futuro. Ambas cosas son casi seguras”, concluye Francisco González, presidente del Comité Científico de Anacer.

Fuente: Crónica Social

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